viernes, 13 de julio de 2018

EL UNIVERSO NO EXISTE©


      
      El universo es una fantasía de los sentidos. El universo, tal como lo imaginamos o lo describen los científicos, no existe. Es un reflejo de reflejos de nuestra imaginación. Sólo existe en el espacio-tiempo de nuestra inventiva, de nuestra percepción colectiva de lo desconocido, de lo que podría haber más allá de las estrellas. El universo no es redondo ni plano. Si fuese redondo, esférico u oblongo, tendría un final. Todo tiene un principio y un fin. Si fuese plano, sería infinito en nuestra imaginación, pero como nada demostrable científicamente es infinito, simplemente no existe. Siquiera los números son infinitos. Si se quiere, se les podría poner un final y un nuevo comienzo a los números. Todo es relativo. La ignorancia imaginativa y el miedo a lo incomprensible, nos hace intuir al universo como “algo” infinito porque todavía carecemos de capacidad evolutiva, de la ciencia, conocimiento y raciocinio necesario para demostrar sin la menor duda razonable posible, una ecuación o un teorema que compruebe inequívocamente su infinitud o sus límites.




     Sólo una cosa es válida y verdadera, aunque tampoco es demostrable a través de la conciencia y sabiduría humana y es la existencia de Dios, creador del cielo, la tierra y el universo, según la Biblia… Pero, ¿de cuál universo?... Del universo que imaginamos y que la fe y la vívida creencia de la existencia de Dios, nos lo hace percibir en este pequeño planeta no más grande que un grano de mostaza, al que, sin embargo, creemos inmenso en comparación con nuestra corpórea imagen terrenal.

 



     El día que desarrollemos todos los hemisferios y “cavernas ocultas” de nuestros cerebros, comprenderemos que sólo somos un reflejo en el espacio-tiempo y que el universo como tal y que vemos a la distancia, únicamente lo abarca nuestro sistema solar y nuestra galaxia, que son parte del cuerpo de un ser supremo, omnipotente y todopoderoso. Lo demás es apenas un reflejo de su grandeza y existencia y los seres humanos parte insignificante de los miles de billones de bacterias que alojan su divino cuerpo. Más allá de la Vía Láctea no hay nada, siquiera sombras... ¿Una locura?... Quizás, sí… Quizás, no. Es muy prematuro juzgarlo de esa forma. Apenas estamos naciendo y en el tiempo cósmico sólo vivimos fracciones de segundos… Algún día sabremos quién tiene o no la razón. Por ahora, y así me fue encomendado, le dejo esa interrogante plagada de dudas a fin de que piensen y alimenten su propia imaginación.




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jueves, 12 de julio de 2018

EL PENSAMIENTO DE LAS COSAS INANIMADAS©


  Todos piensan. Hasta el mundo, el planeta Tierra, piensa. El pensamiento no es atributo exclusivo de los hombres. Los animales piensan, los microbios también. Lo que sucede es que la ciencia humana todavía no ha llegado a la capacidad de interpretarlos. Eso no significa que no piensen. El aullido de un perro, por ejemplo, lleva implícito un pensamiento. El ladrido también. El perro piensa y decide si aullar o ladrar. Es una decisión propia, de su naturaleza. También toma la decisión si ésta, o tal o cual noche, puede dormir tranquilo o no. Si su amigo-padre adoptivo (hombre o mujer) regresa temprano a casa, piensa y decide dormir temprano. Si al observar el comportamiento de su compañero-adoptivo advierte que esa noche se irá de fiesta, piensa y decide que no podrá dormir tranquilo hasta que no regrese porque deberá vigilar la vivienda, su hogar. Y así, como el ejemplo anterior, hay millones de ejemplos que dan fe de su real e inobjetable pensamiento.




  Pero ese no es el motivo de este somero estudio deductivo, sino el pensamiento de la materia inanimada, de las cosas sin movimiento aparente al ojo humano, ya que todo en el universo tiene su ciclo evolutivo y su movimiento, al igual que gira la Tierra bajo nuestros pies sin darnos cuenta. Lo mismo que giran las galaxias sin siquiera verlas. Todo gira. Todo se mueve y si se mueve piensa. El universo piensa. Nuestro planeta piensa. Todo a nuestro alrededor piensa. Aunque nosotros aún no hemos descifrado la naturaleza de ese pensamiento, no por ello podemos afirmar que no piensan. No hay comprobación científica en ninguna de las dos vertientes. No se ha demostrado que no piensan como tampoco que sí piensan. Entonces queda una duda razonable.
  Lo que si es cierto e inobjetable es que el propio ser humano está en constante movimiento y evolución. Faltan muchos siglos para llegar a nuestra madurez evolutiva y mental, por eso aún no comprendemos muchas cosas. Vendrá el momento. Quizás dentro de tres o diez mil años más de evolución, quién sabe. Quizás un poco antes. Quizás mucho después. Tardamos tanto en evolucionar desde el hombre de las cavernas hasta hoy, que nadie sabe con precisión matemática cuántos siglos tendrán que pasar para que se concluya nuestro ciclo evolutivo. Nuestra inteligencia, la de todos los seres humanos, todavía está en pañales. Apenas ahora descubrimos algunos secretos, los elementales principios básicos del genoma humano. Hoy en día apenas se sabe el diez y siete por ciento de su verdadera y real función. Quién sabe cuánto tiempo tardarán nuestros científico y sabios terrestres en descifrar todo los códigos en el implícitos.




  Pretendemos saberlo todo y nos lanzamos a explorar el universo cuando siquiera sabemos cómo funciona nuestra mente y porqué. Apenas utilizamos una minúscula parte de las funciones cerebrales inherentes al conocimiento humano. Lo demás está dormido, a la espera de ser descubierto. Todo el hemisferio derecho del cerebro humano, en el común de los casos, pareciese no existir, ya que muy, pero muy pocos seres humanos en el mundo, utilizan una ínfima parte de ese órgano vital para la inteligencia.
  No sabemos nada de nosotros mismos y en nuestra ignorancia pretendemos ser los sabios del universo. En realidad no somos nada, excepto una microscópica partícula que vaga a la deriva en el cosmos.
  

  Por eso no se perturben a leer mi afirmación de que la materia inanimada piensa. ¡Piensen y verán que estoy en lo cierto! Las piedras también piensan. Los árboles piensan. Tienen vida sabia y propia, y la madera que es cortada de ellos, tampoco muere, y también piensa: Un tablón sigue pensando como cuando tenían vida. Lo mismo la mesa o la silla que con el construirán o construyeron. Una gota de agua piensa, aunque ella se mueve y transforma. Para lograr esa transformación debe, por principio básico, pensar primero. El viento, aunque también se mueve y tiene vida propia, también piensa. Así como tu cucharilla de café, sea de hojalata, acero, níquel, oro, plata, porcelana o cualquier otro material, también piensa. Tú sopa piensa y los tubérculos, arroz, pasta, fideos o lo que tenga dentro, como pollo o carne, también piensan. Piensan cada uno por separado. O sea, el tubérculo piensa en lo que el debe pensar. El arroz también, así como la pasta y fideos. Y, por supuesto, si la sopa es de pollo, la presa o anca de pollo, aunque esté bien muerto, también piensa. Lo mismo sucede con la carne, sea de vaca, cochino, caballo o de lo que sea. ¡Piensa! Piensan en sus ancestros. En sus padres y madres y en los que les deparará el futuro. Piensan en lo felices que eran mientras pastaban en el campo. Piensan en el hermoso cielo que veían sobre sus cabezas cuando estaban vivos. Piensan en la miserable vida que les tocó vivir. No hubo paz para ellos sino tormento. Pero, y esto es real, aunque suene ilógico e incoherente, los mismos fideo, tubérculos, pollo, res, cochino o lo que hayamos comido siguen pensando, esta vez con alegría, en la nueva función que la vida les deparó, que es la de alimentar y hacer crecer sano y saludable a un ser humano, sea este bebé o no, y darle subsistencia, ya que si no lo hubiesen ingerido morirían irremediablemente de inanición. Su función es glorificada y los alimentos ingeridos se sienten paladines del bien y la justicia. Pero, aunque parezca insólito decirlo, hay que decirlo. Luego de producido el milagro de la absorción de los alimentos y lo ingerido haya cumplido a cabalidad su función, la materia fecal que es desechada de nuestro cuerpo por el ano, también piensa. Piensa, razonablemente, que no es un desecho, si no que va a cumplir con otra misión del ciclo de la vida. O sea, dicho de otra manera y con otras palabras, la mierda también piensa. Piensa que va a cumplir un importante ciclo de vida para el ser humano, como es la creación de bacterias y otros microorganismos esenciales para la existencia del hombre, que sin ellos moriría. La otra función de la mierda, quizás la más banal, pienso yo, y creo que la mierda lo piense igual, es la de convertirse en abono.




 Y así el ciclo continúa en espiral hasta nunca acabar mientras exista vida en el universo, que es tan infinito como la estupidez humana si no toma en serio lo que aquí describo y trato que se comprenda.
 Recuerden, todo piensa porque sin el pensar todo sería estático y sin movimiento no hay vida y sin vida no existiría el pensamiento, incluso de las cosas inanimadas. No sería la muerte, sino el fin de la materia. ¿Entendido?
 Y ya que toqué el tema de la muerte, debo decirles con toda la autoridad y claridad que mi condición de pensador me confiere, que hasta los muertos piensan. La gran mayoría piensan dulce y alegremente en la función que les tocará vivir en el próximo Mundo Paralelo donde será trasladado por función anímica y corporal, la cual describiré en otra oportunidad. Mientras los muertos, todo los muertos del mundo, esperan llegar a ese otro Mundo, cumplen con disciplina militar su trabajo todavía terrenal dos metros debajo tierra. Este consiste en su descomposición y recomposición de materia en otros seres vivos e inanimados que también piensan. El ciclo, como dije anteriormente, nunca termina.




Podría estar citando ejemplos sobre el pensamiento de la materia inanimada durante días y llenar muchas, pero muchísimas páginas, las cuales podrían confundir al pensador que va a leer y discernir sobre estas cortas líneas. Para comprender lo elemental del pensamiento no hacen falta grandes tomos o enciclopedias, no sería didáctico ni provechoso para el pensamiento humano masivo. Lo único que hace falta es abrir la mente. ¿Usted cómo la tiene?

 

©Diego Fortunato

martes, 29 de mayo de 2018

LOS NIÑOS LUZ

 




  Posiblemente algunos ya están entre nosotros y no nos hemos dado cuenta todavía. No obstante, sus nacimientos pronto se multiplicarán por todo el orbe y la evidencia de su existencia no podrá ser escondida o contrariada. Serán tantos, que podrán ser reconocidos fácilmente. La luz en torno a su bondad y paz los hará visibles a todos. Irradiarán luz y comenzarán a ser llamados los Niños Luz, seres casi divinos que surgirán sobre la tierra con una única y sublime misión: conducir a la humanidad hacia la Tierra Nueva. Hacia una concepción más espiritual y menos materialista del mundo. Buscarán convertir al hombre, a todos los que habitan la Tierra, en seres más humanos… Más piadoso y misericordiosos, desechando de sus mentes y espíritus el instinto voraz y depredador que alberga en su ser.

Los Niños Índigo y Cristal fueron los pioneros. Los encargados de abrirles el camino a los Niños Luz para que el impacto de su presencia sea menos perturbador y más aceptable.
Los Niños Luz, que por muchos serán llamados Elegidos de Dios, son seres de sensibilidad casi divina, muy parecidos a los que nosotros creemos son los ángeles que moran en el cielo. Poco a poco, muy despacio y con acciones ejemplarizantes, irán reeducando, en todo el estricto sentido de la palabra, a la humanidad hacia la vida espiritual. Le irá despertando al hombre el hemisferio del cerebro donde anida su espiritualidad, adormecida hace milenios.
Como anunciamos en otro Evangelio Sotroc (ver EL ALMA DE LOS MUERTOS VAGA POR EL ESPACIO), los Niños Luz son seres de una inteligencia espiritual súper avanzada, ética y moralmente alejados de los principios materialistas que desde hace muchos siglos están acabando con el verdadero sentido de vida del ser humano.
Los Niños Luz nacerán por todo el planeta. En cualquier país o rincón del mundo y serán concebidos en el vientre de cualquier madre común y corriente, y por nada especiales. En apariencia, serán iguales a los demás niños, pero la Providencia Divina los dotará de mentes muy evolucionadas. En sus nacimientos no habrá ninguna discriminación o privilegio y toda mujer podrá gestarlo sin importar su pasado o presente.


Su denominador común y motivo de existencia es transformar la esencia del hombre para conducirlo a la Tierra Nueva siempre imaginada, donde imperará el amor, la igualdad, libertad, paz y justicia más absoluta.
Desde tiempos inmemoriales San Juan lo reveló en forma clara en el capítulo 12:36 de su evangelio. Mientras tenéis luz, creed en la luz para que seáis hijos de la luz, escribió haciendo referencia no sólo al poder divino de Dios sino también como un anuncio de la vendida de los Niños Luz sobre la tierra. En la Biblia hay muchísimas alusiones al respecto.


En la novela La Estrella Perdida igualmente se deja evidencia de que esto sucedería: “…No terminó de decirme el asunto de Los Elegidos. Usted habló en la reunión de un supuesto Evangelio inédito de San Juan y del actual capítulo 12:36, donde se habla de los hijos de la luz y del papiro trascrito por el profesor Gagliardi que dice como testigo fiel el cielo, nacerán con aura de cristal los nuevos ungidos. El día que el sol ilumine delante de mí serán esparcidos por toda la Tierra”.
Sea como sea, una cosa es inobjetablemente cierta. Los Niños Luz nacerán sobre la tierra, tal como ya hace bastantes años comenzaron a nacer los Niños Índigo y los Niños Cristal. En aquel entonces, alrededor de ellos se tejieron un sin número de especulaciones y muchísimas descalificaciones y “maldiciones”. Entre otras cosas se les consideró de desadaptados, de niños excepcionales con problemas de conducta y hasta mentales. Nada más lejos de la verdad. Hizo falta un buen tiempo para que psicólogos y estudioso comprendiesen y revelasen al mundo su verdadera naturaleza e inteligencia superior.



Al inicio sucederá lo mismo con los Niños Luz y con quienes certifiquen sus dones divinos.
La realidad es que ya están aquí. Se han comenzado a mostrar muy despacio a fin de evitar alboroto innecesario a su alrededor. Su intención no es crear alarma, sino llevar a la humanidad hacia un nuevo amanecer. Un mundo nuevo, totalmente espiritual alejado de la codicia, ambición y las guerras producto del voraz materialismo que está destruyendo y envileciendo al hombre. Conducirlo hacia una Tierra Nueva donde imperará la justicia y cuya única meta de existencia será el amor al prójimo.
La Tierra Nueva se convertirá en un bloque homogéneo constituido por todas las naciones de nuestro planeta. Será un único país. Las fronteras dejarán de ser las líneas imaginarias que dividen estados y se convertirán en una triste remembranza de la codicia y afán de conquista y sumisión del hombre.
En fin, veremos el nacimiento de un mundo sin odios y rencores. Sin maldad ni egoísmos y apartado de toda violencia. Una Tierra Nueva llena de paz y amor, donde la verdad y la fe serán los principios más absolutos del ser humano. Donde no existirán las desigualdades sociales y la pobreza apenas será el triste recuerdo de una civilización déspota, sanguinaria y cruel.
El día está cercano. Próximo… Más de lo que imaginan. Sólo hay que esperar. ¿Será tu hijo un Niño Luz?... ¿Lo estarás concibiendo en este instante?... Estará naciendo alguno ahora…

  
© Diego Fortunato


lunes, 21 de mayo de 2018


TEORÍA DEL HOMBRE BACTERIA©


   
No es una especulación. Mucho menos una fantasía. Siquiera una teoría sino una realidad pero, por ahora, la llamaremos teoría a fin de no apesadumbrar a la humanidad más de lo que está. No queremos llevarla al límite de su resistencia y comprensión. Eso sería un fuerte shock para su debilitada psiquis colectiva y muchos no lo resistirían. No es intención de este Evangelio Sotroc alarmar a la humanidad, menos causarle angustia y tristeza. Pero no podemos mentir y obviar esta realidad, ya que la verdad será el único principio moral que regirá en la Tierra Nueva, la Tierra que está por venir. La Tierra del renacer del hombre y que pronto todos podrán disfrutar. Por eso, en honor a esa verdad absoluta, tengo y así me fue ordenado, que revelar la Teoría del Hombre Bacteria.

       ¿En qué nos diferenciamos de una bacteria?... 
¿En su horrible fealdad o en su tamaño?

 El asunto es tan simple que no merece mucha explicación. Está “a la vista” y es comprobable científicamente. Quien se resistirá y seguirá resistiéndose por milenios a cualquier evidencia que se presente sobre la verdadera identidad del hombre, su procedencia y ubicación en el universo, es la incrédula humanidad, aunque algún día tendrá que asumir su indiscutible esencia. Es inevitable. Se resistirá por mucho, muchísimo tiempo más, pero inexorablemente tendrá que aceptar la realidad. No tan triste, sino reveladora, aunque al principio la abrumará.


 El ser humano, que en su soberbia e irracional prepotencia se cree el Rey del Universo, es apenas una bacteria estelar. Quizás menos, mucho menos.


  Si se toman sólo un par de minutos para reflexionar, pensar en ello, se darán cuenta rápidamente y en forma clara y contundente que el hombre es una simple bacteria estelar. Corrijo: una microscópica e insignificante bacteria que de tanto vagar y viajar sin rumbo ni destino por el universo, “anidó”, por así decirlo, en este planeta que llamamos Tierra. Somos sólo eso. Nada más. Todos y cada uno de nosotros y todas las generaciones, venidas o por venir. Para corroborarlo en un abrir y cerrar de ojos sólo visualicen en su mente el pequeño sistema solar que nos aloja, que da cobijo a la Tierra y demás planetas. Es mínimo. La Tierra, en comparación con el infinito universo no es nada. Apenas un grano de arena… Siquiera una Roca Estelar, como la califican algunos científicos.


Comparados con el Sol, nuestros planetas son apenas pequeñas canicas.



 Volviendo a nuestros “lares”, a nuestro hogar planetario, si cotejamos a Júpiter con la Tierra, nuestro planeta es mínimo. Es como colocar una pelota de golf al lado de un balón de básquet. Hasta allí todo podría estar bien ya que la diferencia de tamaño no es alarmante. Pero si hacemos el mismo parangón con nuestro propio Sol, diez veces más grande que Júpiter, la diferencia convertiría a la Tierra en una simple moneda de un cuarto de dólar y al Sol en un superbalón playero. La relación no es todavía inquietante. Ahora, si lo comparamos con nuestra galaxia, el planeta Tierra ya sería más pequeño que un grano de arroz y si el balance de tamaños de unos con otros lo hacemos con cualquiera de las otras galaxias que pululan nuestro universo, la Tierra, nuestro hogar, simplemente desaparecería y sólo podría verse con un súperpotente microscopio, léase bien, microscopio estelar, tal como si se tratase de un diminuto microbio, o algo mucho más pequeño. La semejanza es válida. En ese mismo ritmo de comparaciones, nuestra galaxia, la Vía Láctea, con todos sus miles de millones de sistemas solares muchísimos más grandes que el nuestro, apenas se vería como un deslucido punto en el espacio y si seguimos con los cotejos, también esos gigantes cósmicos desaparecerían del mapa del universo, tal como lo harían casi todas las otras galaxias.


Con esbozar sólo estos domésticos ejemplos y semejanzas, creo que está ampliamente explicada e ilustrada nuestra relación con el universo. En resumen, si el tamaño del planeta Tierra en comparación con todos los demás astros, galaxias y masas planetarias del universo no es nada, siquiera un minúsculo grano de arena, los miles de millones de seres humanos que la habitamos no podemos ser más que microscópicas bacterias. Eso sí, bacterias pensantes y racionales que en su ADN poseen un alto coeficiente dirigido hacia la construcción y, lamentablemente, debido a algunas desviaciones cromosómicas, algunas encaminadas hacia la destrucción. Sí, míseras bacterias comunes. Apenas nos distinguimos de otras inferiores porque tenemos conciencia. Sabemos qué, cómo, cuándo, dónde y porqué hacemos las cosas. Tenemos pleno conocimiento de ello. No se desanimen. Todavía seguiremos poblando nuestra Pequeña Roca estelar por milenios. Ser simples bacterias es lo más optimista que nos pudo ocurrir. No es algo tan malo. De repente no somos siquiera eso. ¿No lo creen?


©Diego Fortunato

miércoles, 23 de noviembre de 2016

EL DIABLO SE VISTE CON EL COLOR DEL DINERO©

                         

   Durante milenios han tratado de descifrar esta paradoja. Nadie ha podido o, mejor dicho, nadie ha querido o se ha detenido a descifrarla. No han querido porque sería o es casi imposible librarse de esa seducción. De la seducción que lleva implícita el dinero. Sería como un autosuicidio, tal como dijo una vez un astuto político a fin de magnificar irreverentemente el significado de la  palabra.


                        

   El dinero no representa un simple papel moneda. Conlleva la carga de todas las aberraciones y maldad humana, arrastrando tras de si un infinito tren perverso y diabólico lleno de codicia, envidia, voracidad, ambición, rencor, odio, maldad, frustraciones, deseos, crímenes, violaciones, culpas, delitos, asesinatos, guerras y todas las demás viles pasiones imaginadas e inimaginables. Por ése y otros motivos el dinero es nido y morada de Satán y sus huestes infernales.


   Que otros pensadores no lo hayan querido decir o escribir antes que yo con diáfana claridad, no es nada nuevo. No obstante, siempre se ha dicho. Se ha dicho desde el inicio del hombre. La revelación existe hasta en los pasajes bíblicos. Se ha dicho, y mucho, entre labios. Entre la gente. Ricos o no. Se ha susurrado en sueños. Todos lo saben. Saben que es satánico porque la idea del amor al dinero vive, al igual que el Diablo, en el inconsciente colectivo. Está en el ADN humano desde el principio de los tiempos, pero todos han evadido el tema para no desprenderse de su diabólica influencia. Han obviado, ex profeso, un análisis profundo y real sobre su mortal peligro. Les conviene a sus maléficos intereses ocultar que el dinero es peligroso, mortal. Tanto para el que lo posea, como para el no lo tenga y desea. Es el camuflaje de Lucifer y está metido hasta en las Iglesias, en la Santa Sede y donde menos uno se lo espere.
   Hoy en día que la humanidad, no el mundo, que quede bien claro, está más putrefacta que nunca, el Diablo está feliz. Ha triunfado sobre la debilidad humana. Sobre su voracidad y deseos de poder y fortuna. Hoy en día el Diablo se viste de gala con el color del dinero. De todos los dineros del mundo. Ése es el arco iris del demonio. Es el arco iris de la maldad incondicional.
   Muchos pensadores admiten que en el dinero está representado Satán, pero callan porque no saben cómo abatir el daño que hace sin llevarse por delante al progreso de nuestra civilización y a todos los “obreros del dinero”, o sea a los que su motivo de vida es amasarlo y disfrutar de su maldad. Las naciones, las grandes naciones, los imperios saben que el Diablo está infiltrado en su dinero, en su papel moneda, que ese es el camuflaje perfecto de Satán para derrotar al espíritu humano. Por ello han tratado, muchos en vano y otros con muy exiguos resultados, introducir en el diseño de su papel moneda símbolos divinos, espirituales y celestiales. Han utilizado los conocimientos y auspicios de sectas a fin de combatir el demonio que ha penetrado tanto en sus billetes como en las monedas. Han buscado asesoramiento de religiosos, espiritistas, astrólogos, quirománticos y hasta del más allá. Desde el inicio de su hermandad espiritual, los Masones se han especializado en el diseño de los símbolos que deben llevar siempre impreso el papel moneda. Unas naciones los han adoptado. Otra no. Recuerden el triángulo, que representa al Espíritu Santo y al ojo, que es la mirada de Dios, quien todo lo ve y controla.



   También hay gobernantes muy perversos que son discípulos de Satán. Estos hacen todo lo contrario de los gobernantes de naciones devotas y religiosas. Ordenan imprimir en sus billetes y monedas símbolos, emblemas y figuras demoníacas y oscurantistas a fin de complacer al demonio. Y el demonio entonces los complace a ellos preservándolos en el poder por muchos, pero muchos años, bajo su guía y mandato. Por eso es que otros estudiosos del tema no han querido decir nada. No sólo temen por sus vidas o de perder sus pertenencias y dinero. Temen, más que nada, a la venganza de Satán. A una muerte despiadada y cruel, que de ninguna forma sería de forma casual o accidental, sino demoníaca y por sus propias manos, las manos del analista estudioso que, a la postre, serían las manos invisibles de Lucifer. De esa forma, obligando al suicidio al pensador, Satán logra su venganza al tener por siempre su alma en el infierno.
   Yo me he atrevido a contar algo de esta historia por designio y protección divina. Me fue asignado decirlo y así lo estoy cumpliendo. No tengo miedo por que mi alma fue despojada de temor humano o infernal. Mi misión no es sólo revelar lo ya sabido a través de los siglos, sino advertir que el fin de la humanidad podría estar cerca, muy cerca en tiempo y espacio con relación al tiempo cósmico, si no se cambia la actitud hacia el dinero. No hace falta quemarlo o destruirlo para eliminar el hechizo demoníaco, sino sólo voluntad, ideas y actitud. No hay ver al simple papel moneda como un elemento de poder y codicia, sino como un instrumento, muy útil por cierto, para cambios y transacciones. No hay que almacenarlo, adorarlo ni venerarlo. Quien lo hace, de esa forma está vendiendo y entregando su alma al Diablo en bandeja de fuego y muerte. El dinero nunca ha brindado la felicidad, aunque si un relativo bienestar y efímero poder, que en sus cinco letras encierra todo el crimen conocido y desconocido por la humanidad y su perversa mente.
   El que tenga dinero no deberá botarlo ni quemarlo sino transformarlo en bienes que contrarresten el mal diabólico. Un primer paso para lograr esa transformación es la elevación del espíritu humano al adquirir con el diabólico papel, alimentos para los miles de millones de seres humanos que padecen y mueren de hambre en el mundo. Satanás se ríe al ver y sopesar la codicia y ceguera del género humano, que de humanos tienen apenas el nombre, porque ante su indiferencia cruel no ven, ni les interesa saber, que cada segundo que pasa mueren de hambre miles de seres inocentes, en su gran mayoría niños que no han llegado siquiera a los dos años de edad. En un día miles. Es indolencia perversa y maligna.

 
              
                                
   El segundo paso que se debería dar para transformar ese dinero en misericordia, sería, en principio, construirle hogares a los desposeídos, estén donde estén. Hasta el último confín del mundo donde hubiese un alma en miseria. A partir de allí, reunirlos en comunidades, pueblos o ciudades y educarlos hacia el amor y el trabajo. Enseñarles a valerse con dignidad por sí mismos. Así, los siguientes pasos hacia la verdadera civilización del ser humano serían menos escabrosos y arduos.

               
   Hay que insistir, y esto es clave, en la educación. Es el quid de todo.
   El sendero hacia la compasión llevará a la humanidad a utilizar ese papel perverso en educar al que vive en la oscuridad del conocimiento. También se debe transmutar ese documento maligno de su estado demoníaco a un estado bendito con la construcción de hospitales, formando médicos y donando grandes sumas a instituciones de investigación científica que buscan mejorar la calidad de vida humana. En fin, hay muchas formas de convertir el mal en bien. Incluso nuestro planeta Tierra dejaría de recalentarse con tantos demonios que nos han invadido. Esa es la verdadera invasión a la que tenemos que temer. No a los seres de otros Mundos Paralelos, los cuales están purificados. Sólo algunos de ellos están tan diabólicamente contaminados como la Tierra.


   Hay que estimular la conciencia de todos los gobernantes y países del orbe para que se unan en esta titánica lucha contra el maligno. Una de las claves para derrotar a Satán es creando un único y verdadero papel moneda en el cual, por partes iguales en tamaño y formas, estén representadas todas las religiones del mundo. Sólo las religiones que prediquen el bien y el amor al prójimo como elemento fundamental de su doctrina podrán tener sus símbolos en el nuevo dinero. Debe ser un papel moneda sagrado y bendecido antes de que entre en circulación y ser destruido, cuando llegue su tiempo, en hornos especiales herméticamente sellados por donde no haya fugas de elementos nocivos e infernales. Esa incineración deberá hacerse en sitios muy abiertos, donde previamente fueron construidos los hornos, a las tres de la madrugada, hora de Satán y hora en la que salen a deambular los demonios, durante el mes treinta y tres después de su confección y entrada en circulación del dinero bendito. O sea cada dos años y nueve meses. ¿Muy costoso?... ¡Por Dios, si con eso te libras del demonio, qué importa! Los billetes quemados deberán ser repuestos inmediatamente por otros nuevos, previamente bendecidos y no contaminados por las bacterias satánicas.
   Por ahora recomiendo a todas las personas del mundo y de las diferentes civilizaciones, las de ahora y las que vendrán después de esta, que no porten dinero en sus bolsillos mientras no se solucione el problema o se tomen las medidas drásticas que señalo. Y si deben llevarlo en sus bolsillos, carteras o guardarlos en casas, que sean en muy, pero muy pequeñas cantidades, porque ese dinero es el alimento de Satán. Y al alimentar al demonio también estás alimentando y corrompiendo tú alma y espíritu hacia lo maligno y perverso. No le des ese gusto. Al hacer lo aquí indicado pronto verás un cambio muy positivo y radical en tú espíritu y alma y, a la postre, en toda tu vida, la cual será bendecida. El gozo interior que tendrás será indescriptible, pleno de felicidad y pureza inmaculada. Estarás protegido por siempre y ningún mal habrá en ti mientras vivas. Al ser purificado podrás ayudar a otros a lograr la purificación. Es un inicio, lento, pero un inicio al fin. Hasta la creación del universo comenzó por un pequeño inicio, ahora es más que infinito.


   Hay que tomar conciencia. El demonio existe y está entre nosotros camuflado en el papel moneda. Aunque tiene otros disfraces, ese es su preferido. El que le ha hecho merecedor de más crímenes, asesinatos, muertes inútiles, suicidios y guerras de exterminio en nuestro planeta. Debemos transformar el papel moneda en misericordia, compasión, clemencia, piedad o si no el nos transformará a todos nosotros, los humanos, en escoria diabólica y pestilente. En ese momento, el cual podría estar muy, pero muy cerca, el mundo sería Imperio de Satán y cuartel general del maligno. En ese entonces no habrán santos, vírgenes y ángeles que los salven porque habrán emigrado a otros Mundos Paralelos porque este, la Tierra, será el Infierno.

©Diego Fortunato



martes, 9 de febrero de 2016

¿QUÉ PIENSAN LOS ZANCUDOS?


  

   Bajo la premisa de que todo piensa, abordaré esta fascinante realidad. O sea, cuando digo todo es todo. Hasta el mundo, el planeta Tierra, las piedras, un granito de arena, las montañas y las nubes piensan, porque en el universo todo está vivo, en movimiento y constante evolución, tal como lo expuse en mi Evangelio Sotroc publicado bajo el título El pensamientos de las cosas inanimadas. Por tal motivo, no es disparatado afirmar que los zancudos, esos insectos molestos que andan por doquier por miles y miles de billón de billones por el mundo, también piensan.
   Antes de proseguir debo aclarar muy bien, según me ha sido revelado, que el pensamiento no es atributo exclusivo de los seres humanos. Los animales piensan, las bacterias también. Si la ciencia no ha tenido la capacidad de descubrirlo y menos de interpretarlos, no significa que no piensen.
   El zancudo, cuyo nombre científico es Culicidae, o sea culícidos, es una familia de insectos pertenecientes al orden de los dípteros. Incluye, entre otros, los géneros de los AnophelesOclerotatus, PsorforaCulisetaCulex tarsalisSabetesHaemagoggus y el mortal y virulento Aedes. En total existen unos treinta y cinco géneros con más de 2.700 especies reconocidas. Son insectos voladores, cuyo tamaño en los adultos varía de especie a especie, pero rara vez superan los 15 mm. Como se sabe, las larvas se desarrollan en el agua.
                      


   Para seguir siendo un poco didáctico, también acotaré que el culícido, o sea el zancudo, es uno de los insectos, junto a la cucaracha, más inteligentes del planeta y a esa inteligencia se debe, precisamente, su subsistencia desde el principio de los siglos. Desaparecieron los dinosaurios y grandes y avanzadas civilizaciones, pero ellos sobrevivieron a todo cataclismo universal. ¿Por qué? Por su capacidad de adaptación, inteligencia y camuflaje. Tanto, que apenas necesitan menos de un centímetro de agua y una micro gota de sangre para reproducirse.
   El zumbido de un zancudo, por ejemplo, lleva implícito un pensamiento. Su vuelo también. Apenas les toma instantes en pensar y decidir si picarte y dejarte el escozor de su picada o no. Es una decisión propia, de su naturaleza. De esa picada depende su propia subsistencia y la de su especie. Y no solamente piensa uno, sino dos, en conjunto, porque comúnmente atacan en pareja de macho y hembra, que es la que realmente pica mientras el macho distrae con su zumbido a la víctima. ¿No es eso inteligencia? ¿No es eso pensamiento compartido y estrategia pensante? ¿Cómo podrían ponerse de acuerdo macho y hembra para lograr su cometido si no es con la transmisión, telepática o no, de su pensamiento?
    

  
   Aunque el ser humano los aborrezca por los virus y enfermedades que transmiten con su picada, ese acto está absolutamente justificado porque se debe única y exclusivamente a su supervivencia. La ínfima porción de sangre que nos extraen las hembras sirve para alimentar a sus larvas, a sus bebés, para que puedan crecer sanos y fuertes y, muchas veces, en ese acto de extremo amor maternal dejan sus vidas. Al depositar la sangre en el agua donde están sus críos (las larvas), la mamá zancuda virtualmente se inmola, se echa a morir, para que sus hijitos absorban todas las proteínas de su flacuchento cuerpo. Un acto de verdadero y misericordioso amor maternal. ¿Lo hacen instintivamente o piensan antes de concretar el sacrificio? ¿Han sabido ustedes de alguna mamá-zancudo arrepentida de su inmolación?


   Los zancudos piensan y piensan muy bien y claramente. Ha sido tal su evolución a través de los siglos, que llegaron a desarrollar un programa sumamente avanzado y sofisticado de protección y estrategia hacia la subsistencia. El minúsculo y delicado mecanismo comienza a funcionar cuando el zancudo nos pica para extraer de uno de nuestros poros la sangre necesaria para su reproducción. En ese instante, y en sincronía con la picada, utilizando un sistema de bombeo incorporado en su cuerpo, el mosquito inocula dentro de nuestra piel su saliva, la cual es altamente ácida e irritante. Al rascarnos se activa una especie de alarma en un radio de cinco metros a la redonda, la cual emite un haz de señales infrarrojas a través de las que sus otros compañeros de safari detectan con precisión milimétrica nuestra ubicación para volvernos a picar y extraer más sangre. Esa señal es parecida a un código secreto zancudiano que traducido al lenguaje humano podría descifrarse de la siguiente manera: Vayan allá. Ese imbécil está profundamente dormido. ¡Es pan comido! Definitivamente, y pese a que los zancudos tienen un cerebro microscópico, ese es un acto de suprema inteligencia que involucra el pensamiento.

   El zancudo también pensaba durante los siglos pasados. Su primer peldaño evolutivo fue lograr sobrevivir con poca agua y microscópicas gotitas de sangre. El segundo, el del camuflaje y desplazamientos. Su color negro vidrioso es casi imperceptible sobre superficies oscuras o polvorientas. Su trabajo en pareja (hembra, que es la que pica y macho, que es el que emite el zumbido para distraernos) es de una connotación y técnica de un pensamiento armónico y depurado. El tercer peldaño de su evolución fue, sin duda alguna, la hábil forma de volar, la cual no se ha podido imitar siquiera en los laboratorios científicos de la más alta tecnología. Su peculiar manera de desplazarse con la ayuda de las corrientes de aire es de precisión irrefutable, igual que su método para absorber y utilizar la onda calórica emitida por nuestras manos cuando “las aplaudidos” para tratar de darles muerte. Los zancudos se deslizan sobre ellas como si fuesen surfistas en el mar. Me imagino que en sus rostros esbozarán una burlona sonrisa, si bien a veces perecen en el intento.
   Aunque no tienen visión de rayos equis, los zancudos están dotados de un receptor de alta densidad en sus cerebros que les permiten saber por dónde y cuándo penetrar en una casa u oficina, aunque esté casi completamente sellada o cerrada. Buscan y esperan pacientemente el momento oportuno y lo logran. Y eso que algunas especies de hembras apenas viven tres o cuatro día. Por tal motivo y a fin de no perecer sin antes haber logrado su reproducción, tienen que actuar rápido y ser quirúrgicamente precisos. De ello depende la subsistencia de la especie y cómo lo han logrado, ya que se cuentan en miles de billones de billones sólo en apenas cientos de kilómetros cuadrados. Por eso piensan y luego actúan. Su dogma existencial debe ser Pienso y viviré por siempre. De tal manera, su pensamiento primario se centra en preservar la especie.
   A veces su actuación en masa es vital para muchas especies de grandes mamíferos, como el Caribú, en Canadá. De los zancudos, quienes los atacan por miles de millones a la misma vez, depende su migración y aparejamiento, ya que a fin de escapar de sus molestas picadas las manadas se desplazan hacia zonas altas, gélidas y en ruta de buen pasto. Si diariamente los miles de millones de zancudos no los picasen, es posible que esa especie estuviese por extinguirse. Al guarecerse hacia zonas muy frías, el Caribú evita la persecución de los zancudos, que no resisten altas temperaturas, y logran su período de acoplamiento en paz. Se estima que son tantas y tan seguidas las punzadas de los zancudos a los Caribú, que en un sólo día pueden extráeles hasta tres litros de sangre de sus cuerpos.
   Todo esto conlleva un pensamiento metódico y planificado de antemano. Es tanta la evolución de los zancudos, que en sus propios laboratorios de Zancudilandia han logrado sintetizar fórmulas químicas muy avanzadas para soportar, burlarse y hasta reírse de los pesticidas actuales, a los cuales se han adaptado con suma facilidad. ¿Cómo lo hacen? A través del pensamiento vital que les proporciona el trabajo en grupo para obtener su subsistencia.
   ¿Logrará el hombre algún día superar y vencer esa fuerza vital? ¿Podrá alguna vez aniquilarlos? Es posible, pero sólo cuando los superen en pensamiento, decisión, habilidad, amor y paz interior y eso está muy lejos de ser una realidad. Quizás se alcanzará cuando la humanidad logre albergar suficiente misericordia en sus corazones para poder amar al prójimo como a sí mismos, tal como lo hacen los zancudos. Entre los zancudos, pese a ser una “civilización” mil millonaria, no hay guerras porque viven en armonía, amor y paz absoluta. Esa armonía la obtienen amando a su prójimo-zancudo como a si mismos. ¡Qué utópica ilusión para los humanos!


Este microensayo forma parte del libro EVANGELIOS SOTROC




Diego Fortunato




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