jueves, 8 de noviembre de 2018

EL ALMA DE LOS ANIMALES©



   

 ¿Quién, qué y porqué estableció que los animales no tienen alma? ¿La Iglesia o quién? Y cuando digo la Iglesia me refiero a cualquier Iglesia o religión. ¿A quién se le ocurrió tamaña idiotez? ¿A los herederos del oscurantismo de misioneros católicos que cuando llegaron al Nuevo Mundo afirmaron que los aborígenes eran animales sin alma? Aunque después de meditarlo mucho y por pura conveniencia de la Iglesia Católica, debido a que serían utilizados como esclavos (que es lo mismo que burros de carga) de la colonia, rectificaron y dijeron pues sí, sí tiene alma y punto cerrado. Qué fácil fue otorgarle, como si se tratase de un Bula Papal, alma a los aborígenes americanos que, por supuesto tenían alma y eran mucho, pero muchísimo más puros y dignos, que sus conquistadores y colonizadores españoles. Un facilismo tan brutal como el que ha signado desde el principio de los siglos a la Iglesia Católica. Y, lo peor, siempre para mal de la humanidad. Como el cuento aquel de La Inquisición que sólo sirvió para perseguir y aniquilar judíos, árabes y todo aquel que no comulgase con su oscurantismo supino y criminal. Pero dejémoslo hasta aquí. La intención de esta nuevo Evangelio Sotroc no es juzgar a la Iglesia Católica ni a nadie sobre la Tierra y el universo, sino ilustrar. Abrirles un poco los ojos a los humanos.


  Nadie que yo sepa, a excepción de Dios, ha tenido en sus manos un alma. Mucho menos la ha visto, examinado, fotografiado, pesado o sometido al escrutinio científico de un laboratorio. Nadie, en conclusión, siquiera ha visto de lejos algo que podría presumir que se tratara de un alma. Entonces porqué designo se le ha otorgado sólo a los humanos. ¿Por qué y quién dice que los animales no tienen su propia alma? ¿Lo dicen porque los animales, aunque tienen su particular método de comunicarse entre sus propias especies y en esto van incluidas bacterias, gérmenes, microbios y toda clase de microorganismos, no pueden hablar? ¿Es qué una de las características del alma es el don de la palabra tal y como la conocemos hoy en día los humanos? ¿Quién puede sustentar y aseverar tamaña estupidez? ¿Quién se atribuye el poder de decidir quién debe tener alma o no? ¿A quién le otorgó Dios el poder de establecer que el alma sería potestad única y exclusiva de los seres los humanos y de los otros seres vivos, sean animales o bacterias, no? No lo sé. Si alguien lo sabe por favor que me saque de mi ignorancia, pero no con argumentos pseudos religiosos, sino a través de una realidad racional, sea tangible o no. Además, ¿por qué no otorgarles alma a esos hermosos, puros, incógnitos y paradisíacos pájaros, mamíferos, peces, insectos que con su encantadora belleza e inocencia comparten y hacen más armonioso el mundo que habitamos? Todos y cada uno de ellos, hasta las bacterias, son e pureza sin igual. Ellos no se asesinan, roban o hacen guerras de exterminio entre si. Tampoco odian, envidian o codician, sólo para decir algo. Son seres de pureza celestial. Todos, todos ellos. En cambio, el ser humano es salvaje, aunque racional. Es el depredador por excelencia en la escala zoológica y, además de eso, muchísimos son ladrones y homicidas crueles y malvados, solo para citar dos “defectitos” de los humanos. Y, pese a ello, tiene el descaro de usurpar, como cualquier ladronzuelo de medianoche, el derecho del alma como propiedad única y exclusiva.


 Lo cierto es que no sólo los animales tienen alma y pensamientos propios, sino también todas las formas de vida que hay en el universo, excepto las piedras, arena, polvo, guijarros, rocas y todo lo que se le asemeje, los cuales tienen exclusivamente pensamiento pero no alma, aunque últimamente se les está moldeando una forma de alma rudimentaria.
  Es más. Me ha sido autorizado revelar que no sólo los animales tiene alma y piensan igual que nosotros pensamos, sino que tienen su propio Paraíso, que es el mismo Edén al cual muchos humanos creen que alcanzarán después de la muerte si su comportamiento en la Tierra fue signado por el amor, misericordia y paz.



   A los hombres del planeta Tierra, carnívoros depredadores por excelencia, les diré, y esto lo reafirmo con mayor fuerza a los que cometen pecado de gula, que cuando están comiendo pollo, un pedazo de carne de cerdo, res o pescado, recuerden que están ingiriendo el cadáver de un ser-animal que tiene alma y que al sacrificarlos para poderles alimentar, truncaron todos sus sueños animales de una mejor vida, de un mejor proceder y de un camino pleno de esperanza y felicidad. ¡No se rían! Esto es serio y no saben cuán serias son estas revelaciones. Por ahora podrán reírse a mandíbula batiente, pero dentro de apenas cuatrocientos años, cuando la población mundial supere los treinta y tres mil millones de habitantes, esta pequeña y depredada nave especial que llamamos Tierra, habrá dejado de reírse porque la risa será sólo un efímero recuerdo incrustado en la memoria, en su ADN. En ese entonces, en apenas cuatrocientos años más, que en el tiempo cósmico son apenas fracciones de segundos, sólo habrá tristeza y desolación. El bien más preciado será el agua y los animales que utilizábamos para saciar nuestra atroz hambre, habrán desaparecido de la faz de la Tierra. De igual forma lo hicieron los demás animales. Unos perecieron debido a nuestra depredadora cacería, otros de hambre y sed. En ese entonces muy cercano, tan cercano que es posible palparlo, tampoco habrá siembras ni bosques y nuestra insignia a la salvación y a la añorada Tierra Nueva será una espiga de trigo. Débil en su apariencia, pero fuerte e indestructible en su contenido espiritual. Será el símbolo de paz de la Tierra Nueva y su dorada forma ondeará en el centro de nuestras banderas blancas. Sólo habrá una bandera y una única nación unida en paz. Pero antes de que ello acontezca, muchas lágrimas serán derramadas sobre la Tierra. Otros lúgubres sucesos acontecerán antes de que florezca la Tierra Nueva, pero, por ahora, me es prohibido revelarlos.


©Diego Fortunato


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viernes, 13 de julio de 2018

EL UNIVERSO NO EXISTE©


      
      El universo es una fantasía de los sentidos. El universo, tal como lo imaginamos o lo describen los científicos, no existe. Es un reflejo de reflejos de nuestra imaginación. Sólo existe en el espacio-tiempo de nuestra inventiva, de nuestra percepción colectiva de lo desconocido, de lo que podría haber más allá de las estrellas. El universo no es redondo ni plano. Si fuese redondo, esférico u oblongo, tendría un final. Todo tiene un principio y un fin. Si fuese plano, sería infinito en nuestra imaginación, pero como nada demostrable científicamente es infinito, simplemente no existe. Siquiera los números son infinitos. Si se quiere, se les podría poner un final y un nuevo comienzo a los números. Todo es relativo. La ignorancia imaginativa y el miedo a lo incomprensible, nos hace intuir al universo como “algo” infinito porque todavía carecemos de capacidad evolutiva, de la ciencia, conocimiento y raciocinio necesario para demostrar sin la menor duda razonable posible, una ecuación o un teorema que compruebe inequívocamente su infinitud o sus límites.




     Sólo una cosa es válida y verdadera, aunque tampoco es demostrable a través de la conciencia y sabiduría humana y es la existencia de Dios, creador del cielo, la tierra y el universo, según la Biblia… Pero, ¿de cuál universo?... Del universo que imaginamos y que la fe y la vívida creencia de la existencia de Dios, nos lo hace percibir en este pequeño planeta no más grande que un grano de mostaza, al que, sin embargo, creemos inmenso en comparación con nuestra corpórea imagen terrenal.

 



     El día que desarrollemos todos los hemisferios y “cavernas ocultas” de nuestros cerebros, comprenderemos que sólo somos un reflejo en el espacio-tiempo y que el universo como tal y que vemos a la distancia, únicamente lo abarca nuestro sistema solar y nuestra galaxia, que son parte del cuerpo de un ser supremo, omnipotente y todopoderoso. Lo demás es apenas un reflejo de su grandeza y existencia y los seres humanos parte insignificante de los miles de billones de bacterias que alojan su divino cuerpo. Más allá de la Vía Láctea no hay nada, siquiera sombras... ¿Una locura?... Quizás, sí… Quizás, no. Es muy prematuro juzgarlo de esa forma. Apenas estamos naciendo y en el tiempo cósmico sólo vivimos fracciones de segundos… Algún día sabremos quién tiene o no la razón. Por ahora, y así me fue encomendado, le dejo esa interrogante plagada de dudas a fin de que piensen y alimenten su propia imaginación.




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jueves, 12 de julio de 2018

EL PENSAMIENTO DE LAS COSAS INANIMADAS©


  Todos piensan. Hasta el mundo, el planeta Tierra, piensa. El pensamiento no es atributo exclusivo de los hombres. Los animales piensan, los microbios también. Lo que sucede es que la ciencia humana todavía no ha llegado a la capacidad de interpretarlos. Eso no significa que no piensen. El aullido de un perro, por ejemplo, lleva implícito un pensamiento. El ladrido también. El perro piensa y decide si aullar o ladrar. Es una decisión propia, de su naturaleza. También toma la decisión si ésta, o tal o cual noche, puede dormir tranquilo o no. Si su amigo-padre adoptivo (hombre o mujer) regresa temprano a casa, piensa y decide dormir temprano. Si al observar el comportamiento de su compañero-adoptivo advierte que esa noche se irá de fiesta, piensa y decide que no podrá dormir tranquilo hasta que no regrese porque deberá vigilar la vivienda, su hogar. Y así, como el ejemplo anterior, hay millones de ejemplos que dan fe de su real e inobjetable pensamiento.




  Pero ese no es el motivo de este somero estudio deductivo, sino el pensamiento de la materia inanimada, de las cosas sin movimiento aparente al ojo humano, ya que todo en el universo tiene su ciclo evolutivo y su movimiento, al igual que gira la Tierra bajo nuestros pies sin darnos cuenta. Lo mismo que giran las galaxias sin siquiera verlas. Todo gira. Todo se mueve y si se mueve piensa. El universo piensa. Nuestro planeta piensa. Todo a nuestro alrededor piensa. Aunque nosotros aún no hemos descifrado la naturaleza de ese pensamiento, no por ello podemos afirmar que no piensan. No hay comprobación científica en ninguna de las dos vertientes. No se ha demostrado que no piensan como tampoco que sí piensan. Entonces queda una duda razonable.
  Lo que si es cierto e inobjetable es que el propio ser humano está en constante movimiento y evolución. Faltan muchos siglos para llegar a nuestra madurez evolutiva y mental, por eso aún no comprendemos muchas cosas. Vendrá el momento. Quizás dentro de tres o diez mil años más de evolución, quién sabe. Quizás un poco antes. Quizás mucho después. Tardamos tanto en evolucionar desde el hombre de las cavernas hasta hoy, que nadie sabe con precisión matemática cuántos siglos tendrán que pasar para que se concluya nuestro ciclo evolutivo. Nuestra inteligencia, la de todos los seres humanos, todavía está en pañales. Apenas ahora descubrimos algunos secretos, los elementales principios básicos del genoma humano. Hoy en día apenas se sabe el diez y siete por ciento de su verdadera y real función. Quién sabe cuánto tiempo tardarán nuestros científico y sabios terrestres en descifrar todo los códigos en el implícitos.




  Pretendemos saberlo todo y nos lanzamos a explorar el universo cuando siquiera sabemos cómo funciona nuestra mente y porqué. Apenas utilizamos una minúscula parte de las funciones cerebrales inherentes al conocimiento humano. Lo demás está dormido, a la espera de ser descubierto. Todo el hemisferio derecho del cerebro humano, en el común de los casos, pareciese no existir, ya que muy, pero muy pocos seres humanos en el mundo, utilizan una ínfima parte de ese órgano vital para la inteligencia.
  No sabemos nada de nosotros mismos y en nuestra ignorancia pretendemos ser los sabios del universo. En realidad no somos nada, excepto una microscópica partícula que vaga a la deriva en el cosmos.
  

  Por eso no se perturben a leer mi afirmación de que la materia inanimada piensa. ¡Piensen y verán que estoy en lo cierto! Las piedras también piensan. Los árboles piensan. Tienen vida sabia y propia, y la madera que es cortada de ellos, tampoco muere, y también piensa: Un tablón sigue pensando como cuando tenían vida. Lo mismo la mesa o la silla que con el construirán o construyeron. Una gota de agua piensa, aunque ella se mueve y transforma. Para lograr esa transformación debe, por principio básico, pensar primero. El viento, aunque también se mueve y tiene vida propia, también piensa. Así como tu cucharilla de café, sea de hojalata, acero, níquel, oro, plata, porcelana o cualquier otro material, también piensa. Tú sopa piensa y los tubérculos, arroz, pasta, fideos o lo que tenga dentro, como pollo o carne, también piensan. Piensan cada uno por separado. O sea, el tubérculo piensa en lo que el debe pensar. El arroz también, así como la pasta y fideos. Y, por supuesto, si la sopa es de pollo, la presa o anca de pollo, aunque esté bien muerto, también piensa. Lo mismo sucede con la carne, sea de vaca, cochino, caballo o de lo que sea. ¡Piensa! Piensan en sus ancestros. En sus padres y madres y en los que les deparará el futuro. Piensan en lo felices que eran mientras pastaban en el campo. Piensan en el hermoso cielo que veían sobre sus cabezas cuando estaban vivos. Piensan en la miserable vida que les tocó vivir. No hubo paz para ellos sino tormento. Pero, y esto es real, aunque suene ilógico e incoherente, los mismos fideo, tubérculos, pollo, res, cochino o lo que hayamos comido siguen pensando, esta vez con alegría, en la nueva función que la vida les deparó, que es la de alimentar y hacer crecer sano y saludable a un ser humano, sea este bebé o no, y darle subsistencia, ya que si no lo hubiesen ingerido morirían irremediablemente de inanición. Su función es glorificada y los alimentos ingeridos se sienten paladines del bien y la justicia. Pero, aunque parezca insólito decirlo, hay que decirlo. Luego de producido el milagro de la absorción de los alimentos y lo ingerido haya cumplido a cabalidad su función, la materia fecal que es desechada de nuestro cuerpo por el ano, también piensa. Piensa, razonablemente, que no es un desecho, si no que va a cumplir con otra misión del ciclo de la vida. O sea, dicho de otra manera y con otras palabras, la mierda también piensa. Piensa que va a cumplir un importante ciclo de vida para el ser humano, como es la creación de bacterias y otros microorganismos esenciales para la existencia del hombre, que sin ellos moriría. La otra función de la mierda, quizás la más banal, pienso yo, y creo que la mierda lo piense igual, es la de convertirse en abono.




 Y así el ciclo continúa en espiral hasta nunca acabar mientras exista vida en el universo, que es tan infinito como la estupidez humana si no toma en serio lo que aquí describo y trato que se comprenda.
 Recuerden, todo piensa porque sin el pensar todo sería estático y sin movimiento no hay vida y sin vida no existiría el pensamiento, incluso de las cosas inanimadas. No sería la muerte, sino el fin de la materia. ¿Entendido?
 Y ya que toqué el tema de la muerte, debo decirles con toda la autoridad y claridad que mi condición de pensador me confiere, que hasta los muertos piensan. La gran mayoría piensan dulce y alegremente en la función que les tocará vivir en el próximo Mundo Paralelo donde será trasladado por función anímica y corporal, la cual describiré en otra oportunidad. Mientras los muertos, todo los muertos del mundo, esperan llegar a ese otro Mundo, cumplen con disciplina militar su trabajo todavía terrenal dos metros debajo tierra. Este consiste en su descomposición y recomposición de materia en otros seres vivos e inanimados que también piensan. El ciclo, como dije anteriormente, nunca termina.




Podría estar citando ejemplos sobre el pensamiento de la materia inanimada durante días y llenar muchas, pero muchísimas páginas, las cuales podrían confundir al pensador que va a leer y discernir sobre estas cortas líneas. Para comprender lo elemental del pensamiento no hacen falta grandes tomos o enciclopedias, no sería didáctico ni provechoso para el pensamiento humano masivo. Lo único que hace falta es abrir la mente. ¿Usted cómo la tiene?

 

©Diego Fortunato

martes, 29 de mayo de 2018

LOS NIÑOS LUZ

 




  Posiblemente algunos ya están entre nosotros y no nos hemos dado cuenta todavía. No obstante, sus nacimientos pronto se multiplicarán por todo el orbe y la evidencia de su existencia no podrá ser escondida o contrariada. Serán tantos, que podrán ser reconocidos fácilmente. La luz en torno a su bondad y paz los hará visibles a todos. Irradiarán luz y comenzarán a ser llamados los Niños Luz, seres casi divinos que surgirán sobre la tierra con una única y sublime misión: conducir a la humanidad hacia la Tierra Nueva. Hacia una concepción más espiritual y menos materialista del mundo. Buscarán convertir al hombre, a todos los que habitan la Tierra, en seres más humanos… Más piadoso y misericordiosos, desechando de sus mentes y espíritus el instinto voraz y depredador que alberga en su ser.

Los Niños Índigo y Cristal fueron los pioneros. Los encargados de abrirles el camino a los Niños Luz para que el impacto de su presencia sea menos perturbador y más aceptable.
Los Niños Luz, que por muchos serán llamados Elegidos de Dios, son seres de sensibilidad casi divina, muy parecidos a los que nosotros creemos son los ángeles que moran en el cielo. Poco a poco, muy despacio y con acciones ejemplarizantes, irán reeducando, en todo el estricto sentido de la palabra, a la humanidad hacia la vida espiritual. Le irá despertando al hombre el hemisferio del cerebro donde anida su espiritualidad, adormecida hace milenios.
Como anunciamos en otro Evangelio Sotroc (ver EL ALMA DE LOS MUERTOS VAGA POR EL ESPACIO), los Niños Luz son seres de una inteligencia espiritual súper avanzada, ética y moralmente alejados de los principios materialistas que desde hace muchos siglos están acabando con el verdadero sentido de vida del ser humano.
Los Niños Luz nacerán por todo el planeta. En cualquier país o rincón del mundo y serán concebidos en el vientre de cualquier madre común y corriente, y por nada especiales. En apariencia, serán iguales a los demás niños, pero la Providencia Divina los dotará de mentes muy evolucionadas. En sus nacimientos no habrá ninguna discriminación o privilegio y toda mujer podrá gestarlo sin importar su pasado o presente.


Su denominador común y motivo de existencia es transformar la esencia del hombre para conducirlo a la Tierra Nueva siempre imaginada, donde imperará el amor, la igualdad, libertad, paz y justicia más absoluta.
Desde tiempos inmemoriales San Juan lo reveló en forma clara en el capítulo 12:36 de su evangelio. Mientras tenéis luz, creed en la luz para que seáis hijos de la luz, escribió haciendo referencia no sólo al poder divino de Dios sino también como un anuncio de la vendida de los Niños Luz sobre la tierra. En la Biblia hay muchísimas alusiones al respecto.


En la novela La Estrella Perdida igualmente se deja evidencia de que esto sucedería: “…No terminó de decirme el asunto de Los Elegidos. Usted habló en la reunión de un supuesto Evangelio inédito de San Juan y del actual capítulo 12:36, donde se habla de los hijos de la luz y del papiro trascrito por el profesor Gagliardi que dice como testigo fiel el cielo, nacerán con aura de cristal los nuevos ungidos. El día que el sol ilumine delante de mí serán esparcidos por toda la Tierra”.
Sea como sea, una cosa es inobjetablemente cierta. Los Niños Luz nacerán sobre la tierra, tal como ya hace bastantes años comenzaron a nacer los Niños Índigo y los Niños Cristal. En aquel entonces, alrededor de ellos se tejieron un sin número de especulaciones y muchísimas descalificaciones y “maldiciones”. Entre otras cosas se les consideró de desadaptados, de niños excepcionales con problemas de conducta y hasta mentales. Nada más lejos de la verdad. Hizo falta un buen tiempo para que psicólogos y estudioso comprendiesen y revelasen al mundo su verdadera naturaleza e inteligencia superior.



Al inicio sucederá lo mismo con los Niños Luz y con quienes certifiquen sus dones divinos.
La realidad es que ya están aquí. Se han comenzado a mostrar muy despacio a fin de evitar alboroto innecesario a su alrededor. Su intención no es crear alarma, sino llevar a la humanidad hacia un nuevo amanecer. Un mundo nuevo, totalmente espiritual alejado de la codicia, ambición y las guerras producto del voraz materialismo que está destruyendo y envileciendo al hombre. Conducirlo hacia una Tierra Nueva donde imperará la justicia y cuya única meta de existencia será el amor al prójimo.
La Tierra Nueva se convertirá en un bloque homogéneo constituido por todas las naciones de nuestro planeta. Será un único país. Las fronteras dejarán de ser las líneas imaginarias que dividen estados y se convertirán en una triste remembranza de la codicia y afán de conquista y sumisión del hombre.
En fin, veremos el nacimiento de un mundo sin odios y rencores. Sin maldad ni egoísmos y apartado de toda violencia. Una Tierra Nueva llena de paz y amor, donde la verdad y la fe serán los principios más absolutos del ser humano. Donde no existirán las desigualdades sociales y la pobreza apenas será el triste recuerdo de una civilización déspota, sanguinaria y cruel.
El día está cercano. Próximo… Más de lo que imaginan. Sólo hay que esperar. ¿Será tu hijo un Niño Luz?... ¿Lo estarás concibiendo en este instante?... Estará naciendo alguno ahora…

  
© Diego Fortunato


lunes, 21 de mayo de 2018


TEORÍA DEL HOMBRE BACTERIA©


   
No es una especulación. Mucho menos una fantasía. Siquiera una teoría sino una realidad pero, por ahora, la llamaremos teoría a fin de no apesadumbrar a la humanidad más de lo que está. No queremos llevarla al límite de su resistencia y comprensión. Eso sería un fuerte shock para su debilitada psiquis colectiva y muchos no lo resistirían. No es intención de este Evangelio Sotroc alarmar a la humanidad, menos causarle angustia y tristeza. Pero no podemos mentir y obviar esta realidad, ya que la verdad será el único principio moral que regirá en la Tierra Nueva, la Tierra que está por venir. La Tierra del renacer del hombre y que pronto todos podrán disfrutar. Por eso, en honor a esa verdad absoluta, tengo y así me fue ordenado, que revelar la Teoría del Hombre Bacteria.

       ¿En qué nos diferenciamos de una bacteria?... 
¿En su horrible fealdad o en su tamaño?

 El asunto es tan simple que no merece mucha explicación. Está “a la vista” y es comprobable científicamente. Quien se resistirá y seguirá resistiéndose por milenios a cualquier evidencia que se presente sobre la verdadera identidad del hombre, su procedencia y ubicación en el universo, es la incrédula humanidad, aunque algún día tendrá que asumir su indiscutible esencia. Es inevitable. Se resistirá por mucho, muchísimo tiempo más, pero inexorablemente tendrá que aceptar la realidad. No tan triste, sino reveladora, aunque al principio la abrumará.


 El ser humano, que en su soberbia e irracional prepotencia se cree el Rey del Universo, es apenas una bacteria estelar. Quizás menos, mucho menos.


  Si se toman sólo un par de minutos para reflexionar, pensar en ello, se darán cuenta rápidamente y en forma clara y contundente que el hombre es una simple bacteria estelar. Corrijo: una microscópica e insignificante bacteria que de tanto vagar y viajar sin rumbo ni destino por el universo, “anidó”, por así decirlo, en este planeta que llamamos Tierra. Somos sólo eso. Nada más. Todos y cada uno de nosotros y todas las generaciones, venidas o por venir. Para corroborarlo en un abrir y cerrar de ojos sólo visualicen en su mente el pequeño sistema solar que nos aloja, que da cobijo a la Tierra y demás planetas. Es mínimo. La Tierra, en comparación con el infinito universo no es nada. Apenas un grano de arena… Siquiera una Roca Estelar, como la califican algunos científicos.


Comparados con el Sol, nuestros planetas son apenas pequeñas canicas.



 Volviendo a nuestros “lares”, a nuestro hogar planetario, si cotejamos a Júpiter con la Tierra, nuestro planeta es mínimo. Es como colocar una pelota de golf al lado de un balón de básquet. Hasta allí todo podría estar bien ya que la diferencia de tamaño no es alarmante. Pero si hacemos el mismo parangón con nuestro propio Sol, diez veces más grande que Júpiter, la diferencia convertiría a la Tierra en una simple moneda de un cuarto de dólar y al Sol en un superbalón playero. La relación no es todavía inquietante. Ahora, si lo comparamos con nuestra galaxia, el planeta Tierra ya sería más pequeño que un grano de arroz y si el balance de tamaños de unos con otros lo hacemos con cualquiera de las otras galaxias que pululan nuestro universo, la Tierra, nuestro hogar, simplemente desaparecería y sólo podría verse con un súperpotente microscopio, léase bien, microscopio estelar, tal como si se tratase de un diminuto microbio, o algo mucho más pequeño. La semejanza es válida. En ese mismo ritmo de comparaciones, nuestra galaxia, la Vía Láctea, con todos sus miles de millones de sistemas solares muchísimos más grandes que el nuestro, apenas se vería como un deslucido punto en el espacio y si seguimos con los cotejos, también esos gigantes cósmicos desaparecerían del mapa del universo, tal como lo harían casi todas las otras galaxias.


Con esbozar sólo estos domésticos ejemplos y semejanzas, creo que está ampliamente explicada e ilustrada nuestra relación con el universo. En resumen, si el tamaño del planeta Tierra en comparación con todos los demás astros, galaxias y masas planetarias del universo no es nada, siquiera un minúsculo grano de arena, los miles de millones de seres humanos que la habitamos no podemos ser más que microscópicas bacterias. Eso sí, bacterias pensantes y racionales que en su ADN poseen un alto coeficiente dirigido hacia la construcción y, lamentablemente, debido a algunas desviaciones cromosómicas, algunas encaminadas hacia la destrucción. Sí, míseras bacterias comunes. Apenas nos distinguimos de otras inferiores porque tenemos conciencia. Sabemos qué, cómo, cuándo, dónde y porqué hacemos las cosas. Tenemos pleno conocimiento de ello. No se desanimen. Todavía seguiremos poblando nuestra Pequeña Roca estelar por milenios. Ser simples bacterias es lo más optimista que nos pudo ocurrir. No es algo tan malo. De repente no somos siquiera eso. ¿No lo creen?


©Diego Fortunato

miércoles, 23 de noviembre de 2016

EL DIABLO SE VISTE CON EL COLOR DEL DINERO©

                         

   Durante milenios han tratado de descifrar esta paradoja. Nadie ha podido o, mejor dicho, nadie ha querido o se ha detenido a descifrarla. No han querido porque sería o es casi imposible librarse de esa seducción. De la seducción que lleva implícita el dinero. Sería como un autosuicidio, tal como dijo una vez un astuto político a fin de magnificar irreverentemente el significado de la  palabra.


                        

   El dinero no representa un simple papel moneda. Conlleva la carga de todas las aberraciones y maldad humana, arrastrando tras de si un infinito tren perverso y diabólico lleno de codicia, envidia, voracidad, ambición, rencor, odio, maldad, frustraciones, deseos, crímenes, violaciones, culpas, delitos, asesinatos, guerras y todas las demás viles pasiones imaginadas e inimaginables. Por ése y otros motivos el dinero es nido y morada de Satán y sus huestes infernales.


   Que otros pensadores no lo hayan querido decir o escribir antes que yo con diáfana claridad, no es nada nuevo. No obstante, siempre se ha dicho. Se ha dicho desde el inicio del hombre. La revelación existe hasta en los pasajes bíblicos. Se ha dicho, y mucho, entre labios. Entre la gente. Ricos o no. Se ha susurrado en sueños. Todos lo saben. Saben que es satánico porque la idea del amor al dinero vive, al igual que el Diablo, en el inconsciente colectivo. Está en el ADN humano desde el principio de los tiempos, pero todos han evadido el tema para no desprenderse de su diabólica influencia. Han obviado, ex profeso, un análisis profundo y real sobre su mortal peligro. Les conviene a sus maléficos intereses ocultar que el dinero es peligroso, mortal. Tanto para el que lo posea, como para el no lo tenga y desea. Es el camuflaje de Lucifer y está metido hasta en las Iglesias, en la Santa Sede y donde menos uno se lo espere.
   Hoy en día que la humanidad, no el mundo, que quede bien claro, está más putrefacta que nunca, el Diablo está feliz. Ha triunfado sobre la debilidad humana. Sobre su voracidad y deseos de poder y fortuna. Hoy en día el Diablo se viste de gala con el color del dinero. De todos los dineros del mundo. Ése es el arco iris del demonio. Es el arco iris de la maldad incondicional.
   Muchos pensadores admiten que en el dinero está representado Satán, pero callan porque no saben cómo abatir el daño que hace sin llevarse por delante al progreso de nuestra civilización y a todos los “obreros del dinero”, o sea a los que su motivo de vida es amasarlo y disfrutar de su maldad. Las naciones, las grandes naciones, los imperios saben que el Diablo está infiltrado en su dinero, en su papel moneda, que ese es el camuflaje perfecto de Satán para derrotar al espíritu humano. Por ello han tratado, muchos en vano y otros con muy exiguos resultados, introducir en el diseño de su papel moneda símbolos divinos, espirituales y celestiales. Han utilizado los conocimientos y auspicios de sectas a fin de combatir el demonio que ha penetrado tanto en sus billetes como en las monedas. Han buscado asesoramiento de religiosos, espiritistas, astrólogos, quirománticos y hasta del más allá. Desde el inicio de su hermandad espiritual, los Masones se han especializado en el diseño de los símbolos que deben llevar siempre impreso el papel moneda. Unas naciones los han adoptado. Otra no. Recuerden el triángulo, que representa al Espíritu Santo y al ojo, que es la mirada de Dios, quien todo lo ve y controla.



   También hay gobernantes muy perversos que son discípulos de Satán. Estos hacen todo lo contrario de los gobernantes de naciones devotas y religiosas. Ordenan imprimir en sus billetes y monedas símbolos, emblemas y figuras demoníacas y oscurantistas a fin de complacer al demonio. Y el demonio entonces los complace a ellos preservándolos en el poder por muchos, pero muchos años, bajo su guía y mandato. Por eso es que otros estudiosos del tema no han querido decir nada. No sólo temen por sus vidas o de perder sus pertenencias y dinero. Temen, más que nada, a la venganza de Satán. A una muerte despiadada y cruel, que de ninguna forma sería de forma casual o accidental, sino demoníaca y por sus propias manos, las manos del analista estudioso que, a la postre, serían las manos invisibles de Lucifer. De esa forma, obligando al suicidio al pensador, Satán logra su venganza al tener por siempre su alma en el infierno.
   Yo me he atrevido a contar algo de esta historia por designio y protección divina. Me fue asignado decirlo y así lo estoy cumpliendo. No tengo miedo por que mi alma fue despojada de temor humano o infernal. Mi misión no es sólo revelar lo ya sabido a través de los siglos, sino advertir que el fin de la humanidad podría estar cerca, muy cerca en tiempo y espacio con relación al tiempo cósmico, si no se cambia la actitud hacia el dinero. No hace falta quemarlo o destruirlo para eliminar el hechizo demoníaco, sino sólo voluntad, ideas y actitud. No hay ver al simple papel moneda como un elemento de poder y codicia, sino como un instrumento, muy útil por cierto, para cambios y transacciones. No hay que almacenarlo, adorarlo ni venerarlo. Quien lo hace, de esa forma está vendiendo y entregando su alma al Diablo en bandeja de fuego y muerte. El dinero nunca ha brindado la felicidad, aunque si un relativo bienestar y efímero poder, que en sus cinco letras encierra todo el crimen conocido y desconocido por la humanidad y su perversa mente.
   El que tenga dinero no deberá botarlo ni quemarlo sino transformarlo en bienes que contrarresten el mal diabólico. Un primer paso para lograr esa transformación es la elevación del espíritu humano al adquirir con el diabólico papel, alimentos para los miles de millones de seres humanos que padecen y mueren de hambre en el mundo. Satanás se ríe al ver y sopesar la codicia y ceguera del género humano, que de humanos tienen apenas el nombre, porque ante su indiferencia cruel no ven, ni les interesa saber, que cada segundo que pasa mueren de hambre miles de seres inocentes, en su gran mayoría niños que no han llegado siquiera a los dos años de edad. En un día miles. Es indolencia perversa y maligna.

 
              
                                
   El segundo paso que se debería dar para transformar ese dinero en misericordia, sería, en principio, construirle hogares a los desposeídos, estén donde estén. Hasta el último confín del mundo donde hubiese un alma en miseria. A partir de allí, reunirlos en comunidades, pueblos o ciudades y educarlos hacia el amor y el trabajo. Enseñarles a valerse con dignidad por sí mismos. Así, los siguientes pasos hacia la verdadera civilización del ser humano serían menos escabrosos y arduos.

               
   Hay que insistir, y esto es clave, en la educación. Es el quid de todo.
   El sendero hacia la compasión llevará a la humanidad a utilizar ese papel perverso en educar al que vive en la oscuridad del conocimiento. También se debe transmutar ese documento maligno de su estado demoníaco a un estado bendito con la construcción de hospitales, formando médicos y donando grandes sumas a instituciones de investigación científica que buscan mejorar la calidad de vida humana. En fin, hay muchas formas de convertir el mal en bien. Incluso nuestro planeta Tierra dejaría de recalentarse con tantos demonios que nos han invadido. Esa es la verdadera invasión a la que tenemos que temer. No a los seres de otros Mundos Paralelos, los cuales están purificados. Sólo algunos de ellos están tan diabólicamente contaminados como la Tierra.


   Hay que estimular la conciencia de todos los gobernantes y países del orbe para que se unan en esta titánica lucha contra el maligno. Una de las claves para derrotar a Satán es creando un único y verdadero papel moneda en el cual, por partes iguales en tamaño y formas, estén representadas todas las religiones del mundo. Sólo las religiones que prediquen el bien y el amor al prójimo como elemento fundamental de su doctrina podrán tener sus símbolos en el nuevo dinero. Debe ser un papel moneda sagrado y bendecido antes de que entre en circulación y ser destruido, cuando llegue su tiempo, en hornos especiales herméticamente sellados por donde no haya fugas de elementos nocivos e infernales. Esa incineración deberá hacerse en sitios muy abiertos, donde previamente fueron construidos los hornos, a las tres de la madrugada, hora de Satán y hora en la que salen a deambular los demonios, durante el mes treinta y tres después de su confección y entrada en circulación del dinero bendito. O sea cada dos años y nueve meses. ¿Muy costoso?... ¡Por Dios, si con eso te libras del demonio, qué importa! Los billetes quemados deberán ser repuestos inmediatamente por otros nuevos, previamente bendecidos y no contaminados por las bacterias satánicas.
   Por ahora recomiendo a todas las personas del mundo y de las diferentes civilizaciones, las de ahora y las que vendrán después de esta, que no porten dinero en sus bolsillos mientras no se solucione el problema o se tomen las medidas drásticas que señalo. Y si deben llevarlo en sus bolsillos, carteras o guardarlos en casas, que sean en muy, pero muy pequeñas cantidades, porque ese dinero es el alimento de Satán. Y al alimentar al demonio también estás alimentando y corrompiendo tú alma y espíritu hacia lo maligno y perverso. No le des ese gusto. Al hacer lo aquí indicado pronto verás un cambio muy positivo y radical en tú espíritu y alma y, a la postre, en toda tu vida, la cual será bendecida. El gozo interior que tendrás será indescriptible, pleno de felicidad y pureza inmaculada. Estarás protegido por siempre y ningún mal habrá en ti mientras vivas. Al ser purificado podrás ayudar a otros a lograr la purificación. Es un inicio, lento, pero un inicio al fin. Hasta la creación del universo comenzó por un pequeño inicio, ahora es más que infinito.


   Hay que tomar conciencia. El demonio existe y está entre nosotros camuflado en el papel moneda. Aunque tiene otros disfraces, ese es su preferido. El que le ha hecho merecedor de más crímenes, asesinatos, muertes inútiles, suicidios y guerras de exterminio en nuestro planeta. Debemos transformar el papel moneda en misericordia, compasión, clemencia, piedad o si no el nos transformará a todos nosotros, los humanos, en escoria diabólica y pestilente. En ese momento, el cual podría estar muy, pero muy cerca, el mundo sería Imperio de Satán y cuartel general del maligno. En ese entonces no habrán santos, vírgenes y ángeles que los salven porque habrán emigrado a otros Mundos Paralelos porque este, la Tierra, será el Infierno.

©Diego Fortunato