jueves, 30 de septiembre de 2010

PROPULSIÓN POR OXÍGENO COMPRIMIDO©







 Está delante de las narices de todos, y en abundancia, sin embargo la humanidad inconscientemente no logra verlo pese a que lo utiliza diariamente y es de vital y necesaria importancia para su subsistencia. No lo ve, no porque sea invisible, que ciertamente lo es. Tampoco porque sea incoloro, inodoro e insípido, que también lo es. No lo ve por una sencilla razón de lógica elemental: para la humanidad es, inclusive, imposible imaginarlo. Su reticencia, aunque obvia e infantil, es más que válida.



  Me refiero, por supuesto al oxígeno, la nueva forma de propulsión que moverá al mundo y lo sacará de la inevitable crisis energética que en el próximo lustro podría causar millones de muertes innecesarias, guerras y desolación. La solución para poder evitarlo está a la vuelta de la esquina. No tan simple como parece, pero factible en un cien por ciento. El oxígeno será el combustible del futuro, pero si los científicos terrestres se apuran será el nuevo combustible del ahora. Del hoy. Si así de simple y relativamente fácil.
   Si, claro que me refiero al oxígeno que diariamente respiramos. A la fuente vital de nuestra existencia. No, no es ningún desatino. Ya nuestro propio cuerpo humano, la máquina perfecta dirigida por la más pequeña y al mismo tiempo más inteligente y poderosa de todas las computadoras existentes y por existir, descubrió esa fuente energética hace milenios. El cerebro sabe que sin la energía que le proporciona el oxígeno el cuerpo humano no podría vivir. Dejaría de existir, de moverse. Sería el fin, la muerte. Con poco siquiera podría moverse. Carecería de energía suficiente para hacerlo. Con mucho autoanularía muchas de sus funciones corporales y sería incapaz hasta de moverse. La hiperventilación es un ejemplo claro e indiscutible. Y cuando el cuerpo humano no tiene la capacidad de procesar el oxígeno, no importa por cuál o qué motivo, podría sobrevenir la muerte súbita, como en los casos de una crónica e irregular inconducción o falta del oxígeno. Un ejemplo común es el asma en todas sus múltiples fases y condiciones. En fin, ejemplos hay muchos. Cuando el cuerpo humano no tiene energía suficiente, y en este caso nos referimos al oxígeno, no funciona. El oxígeno es esencial para el metabolismo. Que quedé claro que no estamos hablando de otras fuentes energéticas, igualmente vitales para el ser humano, como el agua y los alimentos, en todas sus variantes, que necesitamos para mantener “vivas” lasconstantes biológicas del cuerpo.





 En espera de que la sucinta explicación haya aclarado dudas e interrogantes,
revelaré en forma de doméstica comprensión en qué consiste la propulsión por oxigeno comprimido. Cuando hablo de propulsión me refiero a tracción, arrastre, movimiento, navegación, lanzamiento y todos los derivados que de la palabra exista. Y para lograr propulsión, necesariamente se necesita energía, sea del tipo que sea. En este caso será el oxígeno, que es una forma de energía limpia. Pero antes se deberá comprimir en una medida de justa fisión (no fusión). Para convertir oxígeno comprimido en energía serán necesarias algunas fórmulas matemáticas y otras de física cuántica. Siendo el oxígeno electronegativo, hay que buscar una fisión múltiple y convexa de sus átomos. Esto debe lograrse antes de que su punto de ebullición llegue a –133 grados centígrados. Si se consigue hacerlo, apenas una pequeña porción de la energía liberada sería capaz de mover un auto durante toda una semana. Siempre y cuando, por supuesto, se construya el motor adecuado para la fisión de átomos descrita. El anterior sólo fue un pequeño ejemplo. La utilidad el oxígeno como energía sería múltiple y a un costo exiguo. Recuerden que el veinte por ciento del oxígeno del planeta Tierra está libre en el aire y el resto combinado en el agua, rocas, óxidos, plantas y demás materia viva.
   La interrogante es: ¿podrán los humanos de hoy convertir el oxígeno en energía de propulsión? ¿O hay qué esperar que nuestros ancestros regresen? (Ver Evangelio Sotroc SALTO HACIA ATRÁS). Es tan difícil así. Una idea, más que una pista, he dado. Lo demás se lo dejo a ustedes, terribles pensadores de lo imposible.




© Diego Fortunato



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lunes, 20 de septiembre de 2010

CLONES CÓSMICOS©

  
  Si la humanidad quiere estar tranquila y dejar de pensar durante los próximos milenios en qué somos, de dónde venimos y debido a qué y por qué motivo estamos aquí, es preferible que imagine que fuimos creados por un Dios Todopoderoso y Omnipotente, llámese como se llame y pertenezca a la religión, doctrina o creencia que quiera o de su preferencia. Por ahora es lo más coherente para el sustento de una vida sana, armónica y sin complicaciones, porque pensar en lo contrario sería divagar sobre inciertos, ya que del “comportamiento” del universo los científicos creen que saben apenas el cinco por ciento o, tal vez, mucho menos. De su creación absolutamente nada. En nuestra ingenua ignorancia atribuimos su formación a un supuesto big ban del cual tampoco sabemos absolutamente nada. Sólo conjeturamos, especulamos, ya que a pesar de las múltiples teorías y explicaciones pseudos científicas -y las califico de tales porque no admiten ni la más elemental demostración-, nadie sabe de dónde salió la energía (por más ínfima que se nos quiera hacer creer que era) que ocasionó el big ban. No hay siquiera presunciones de cómo y dónde pudo formarse esa energía. Qué o quién creó el supuesto primer átomo. Cómo lo hicieron y debido a qué fue creado. ¿De la nada? ¿Salió de la nada como por arte de magia? ¿Fue la creación del universo un acto de magia divina? No, por supuesto que no. Es algo un poco más complicado.

   Al no haber o existir (quizás durante los próximo milenios tampoco la habrá) una explicación válida y científicamente comprobable, todas las teorías, por más audaces y aparentemente científicas que parezcan, carecen de comprobación y por lo tanto son meras especulaciones, presunciones que buscan empíricamente acercarnos a una supuesta “realidad” que nadie conoce. Hasta los momentos nadie ha aportado pruebas, ya que carecen de ellas, donde no exista ninguna duda razonable sobre la creación del universo. Por eso, por ahora, sólo por ahora, es mejor atribuirle a un Creador invisible, a un Dios Todopoderoso, la formación del universo infinito. Mucho más porque hace apenas “días” pensábamos que el universo se estaba contrayendo y de repente nos percatamos de que es todo lo contrario: el universo se expande en todas direcciones tal como si fuese una gran masa de harina leudada, la cual en el proceso está separando de su centro a galaxias, estrellas, agujeros negros y planetas enteros hasta quién sabe cuándo y por cuánto tiempo. Algunos teóricos dicen que si la expansión sigue de esa forma tan acelerada, dentro de miles de millones de años no sólo no habrá posibilidad de ninguna vida en el cosmos sino que el mismísimo universo desaparecerá envuelto en una gran masa de hielo. Todo se esfumará. La vida y la muerte desvanecerán. Los días y las horas. El espacio-tiempo y con este estrellas, galaxias, planetas y todo lo que more en el oscuro e infinito universo. Todo se evaporará sin que podamos hacer nada. Todo se apagará y sólo la nada infinita subsistirá.
   Quizás está irremediable realidad podría cambiar si logramos explicarnos y domeñar la energía oscura, que es la que le da vida y sentido al universo. Por ahora apenas sabemos que domina el noventa y cinco por ciento de las funciones de todo el cosmos. Si no lo conseguimos todo se habrá perdido ya que sólo a través de esa energía oscura y otra, a la que denominaré energía oculta, se podrá llegar a la comprensión de que existe otro universo semejante y paralelo, o mejor dicho, otros universos paralelos. Algunos similares al nuestro, idénticos. Una suerte de clones cósmicos. Otros, con ligeros cambios en su forma y en su energía din, que es una forma de energía derivada de la energía oculta, la cual es maleable y transformable en energía pura y cambiante dado su alto grado de absorción atómica y por tener su propio centro magnético. De esa energía también se deriva la energía etérea, la cual tiene la capacidad de deformarse en una especie de gas que a su vez se convierte en luz, la cual al ser procesada por la naves ips que fabrican los Puentes de Luz en el espacio, es vuelta a expulsar de sus máquinas convertida en luz sólida y resistente. (Ver Evangelio Sotroc EL PUENTE DE LUZ).


   Hoy es casi inimaginable pensar en esos universos paralelos, semejantes al nuestro, al que conocemos hoy en día, aunque vislumbramos algunos detalles de su forma y contenido. Y, repito, no sólo hay uno sino varios, y son tan idénticos a nuestro universo como la copia fotostática de un documento o dibujo cualquiera.

  
  Quizás les parezca una forma simplista de abordar el complicado tema del universo. Quizás piensen que es una desquiciada locura hablar de universos paralelos, de clones cósmicos, pero es una verdad inobjetable. Para el entendimiento humano utilizo formas sencillas de lenguaje. Es la única manera de diseñarlo para que se pueda captar con fidelidad un tema ciertamente muy, pero muy complicado. Una pista dejaré escrita en estás páginas para posteriores reflexiones: en el universo todo se repite y todo cambia. No hay constantes ni postulados eternos. Todo es una continua evolución y para que haya evolución debe, inexorablemente, haber cambios y transformaciones. Y en esos cambios muchas cosas se repiten, de igual forma como se repite la vocal a al escribir, simplemente, sobre un papel la palabra casa. Igual sucede en nuestra Casa Grande, en nuestra nave espacial que los humanos llamamos Tierra. Todo se repite en nuestro planeta. Hasta los humanos se “repiten”, tal como se repiten casi en forma idéntica las hojas de los árboles y los frutos que ellos nos prodigan. Tal como se repite el movimiento circulatorio de nuestra sangre o los latidos de nuestros corazones. Idéntica cosa sucede en el universo infinito y en nuestros Universos Paralelos. Es la espiral de la evolución y el cambio. De la energía que se transforma en otra energía. Sólo nos falta descubrirlo para nuestra total comprensión, pero para ello es necesario que trascurran miles de millones de años de nuestro calendario solar y otros cuantos cientos de millones más para que sepamos cómo funcionan y cómo podemos aprovechar la energía oscura del universo, el Genoma Cósmico. Allí esta escrito todo. Allí está la verdad y la vida.

   También nos harán falta otros miles de millones adicionales para saber en qué consiste la energía oculta y todas las virtudes de la energía din, la cual es esencia pura del Genoma Cósmico, de La Espiral Universal. ¿Les parece descabellado? Por ahora sí, y estoy consciente de ello. Igualmente decían que volar por los cielos con un aparato construido por el hombre era, sencillamente, una gran locura. ¿Lo era?




© Diego Fortunato

domingo, 19 de septiembre de 2010

NADA O NADIE©

  
  La interpretación humana de nadie o, mejor dicho, el concepto de nada, no existe. En ninguna de sus formas o estructuras. Sólo se tiene una definición gramatical, la cual es muy vaga y simple, ya que la nada en su acepción cosmogónica es igual que el todo: inmenso.
   Al no existir la nada humana, sino apenas una enunciación gramatical, tampoco podría existir el nadie. Aunque los filólogos se esfuercen en definir la palabra nadie o nada, y por más vueltas y revueltas que le den en cualquier idioma existente o por existir a la palabra, la nada no existe en el mundo tal como lo conciben los humanos. Sólo existe en el ilusorio colectivo, en el pensamiento humano, en la gramática. Creen que existe, pero no lo pueden ver ni tocar, mucho menos alcanzar, conquistar y domeñar. Por ende, no se le puede dar una definición a algo que no existe porque, simplemente, no existe y cualquier cosa que escribamos, digamos o elucubremos carece de total y absoluta veracidad y comprobación, sea esta cual fuere o del tipo que sea.
   ¡No! No estoy jugando y mucho menos desvariando, como podrían creer o juzgar a priori y muy a la ligera algún bien habido mal intencionado, que los hay a montones, tanto en la oscura profundidad de las ideas como en la superficie de la ignorancia. Al final entenderán dónde me estoy permitiendo llegar y porqué.
   Bien, aclarado ese punto y para tratar de hacer más compresible este acertijo que más bien parece un túnel sin salida o un laberinto filosófico-filológico, comenzaré por transcribir la definición asentada en cualquier pequeño, pero respetable diccionario[1], de la palabra nada, en primer lugar, y después del vocablo nadie.


   Comenzamos: Nada según el diccionario significa f. 1 El no ser, la carencia absoluta de todo ser. 2 Cosa mínima. II pron. Indef. 3 Ninguna cosa, la negación absoluta de las cosas. 4 Poco o muy poco. Estas, además de otras acepciones de ningún interés para el tema que estamos tratando de desmenuzar son, en definitiva, el significado que los académicos atribuyen a la palabra Nada. Pero no se explica el concepto real de la palabra. Por ejemplo su yo digo pera y busco su significado en el diccionario, claramente se me dice que es una fruta jugosa de la familia tal y etcétera, etcétera, además de todas sus demás significados conexos. En el caso de la pera, todos y cada uno de sus conceptos los puedo comprobar. No así en el caso de la nada, a la cual calificarán de intangible como los sentimientos, el pensamiento, las ideas y bla, bla, bla pero y, he ahí la cuestión, tanto los sentimientos como los pensamientos y las ideas existen porque las percibimos, sentimos y tenemos. Eso es inobjetable y de fácil comprobación, como la percepción del dolor. No así la nada. No se puede sentir, ver, tocar, oler, oír, localizar y mucho menos comprobar. Sólo sabemos que existe una explicación que trató y buscó, infructuosamente, de definir la nada. También sabemos que existe la palabra como tal, o sea nada.


   En primer término el diccionario dice que la nada es el no ser, la carencia absoluta de todo ser. ¿Qué significa el no ser y qué el ser en este caso? ¿A los seres humanos, a las cosas que conocemos en esta dimensión del espacio o a qué? Muchos creen que en el universo se vaga en la nada o sea con la carencia absoluta de todo ser. ¡Qué errados están! Todo lo contrario: el universo es el todo y la nada. En su espacio-tiempo se encuentra el todo y allí tampoco se puede aplicar el concepto de la nada porque existe como un todo. En el infinito espacio el todo y la nada se complementan y contraponen. Es algo así como la luz y la oscuridad. El blanco y el negro. El día y la noche.
   En cuanto al Nadie, el diccionario humano define lo siguiente: pron. Indet. 1.- Ninguna persona. 2.- fig. Persona insignificante. II ser un don nadie, etcétera. Creo que con estas dos pequeñas citas queda muy bien explicado lo que el diccionario da a entender sobre el significado de la palabra. No obstante, también están errados los académicos porque la nada y el nadie no existen en forma física y tangible en el planeta Tierra y si no existen, difícilmente se puede dar una definición a una cosa inexistente. Es imposible comprobar algo que no existe. No sé si me entienden. Pero así es la cosa. Lo único que podría existir, en todo caso, es la palabra en si (o sea nada), pero la misma no admitiría una definición precisa por el único y sola razón de que no existe. Es lo mismo que yo dijese ahora uynjfjgjhzxcm y tratara de definir la palabra escrita. No podría hacerlo porque no sé qué significa o dónde se encuentra. Podría darle a uynjfjgjhzxcm la misma definición de nada y nada ocurriría porque ni una ni la otra cosa existe. Podría decir, y valgan las continuas redundancias, que para mi uynjfjgjhzxcm significa nada. Y si, en todo caso me impusiese el reto de definirla, ni yo ni nadie podría porque sencillamente la palabra escrita no existe. Es una fantasía, una ficción del lenguaje, tal como la palabra nada.


   Sí, sé que se han dado cuenta. En unas cuantas líneas más arriba escribí ni yo ni nadie podría definirla. No es un error de principios filológicos ni de sintaxis al decir ni yo ni nadie podría definirla, sino simplemente como el nadie no existe, utilizo la expresión de la misma forma como en los comics utilizan los caracteres *%$”3#Ç/)’6{ €¬# para expresar que un individuo está molesto o irritado al extremo. Esos signos (*%$”3#Ç/)’6{ €¬#) también son una fantasía del lenguaje. No existen. Son inexistentes, tal como la nada. De tal forma que los caracteres que componen la palabra nada únicamente pueden existir como un conjunto de letras unidas entre si, las cuales también podría ser adan o sea nada al revés, anad, dana, anda, aand, aadn, dnaa o ndaa, todas combinaciones de la palabra nada, o cualquier otra que se les ocurra utilizar para explicar nada, o sea algo que no existe y únicamente se utilizaría para decir algo semejante como, el todo y la nada, para referirse a los extremos, como se hace cuando se cita el blanco y el negro, lo bueno y lo malo, el principio y el fin, por ejemplo.
   Posiblemente, sin son curiosos y acuciosos y estoy seguro de que lo son, de otra forma no hubiesen siquiera comenzado a leer esta nueva revelación de Los Evangelios Sotroc, se dieron cuenta de algo que salta a la vista.
   Algunas de las diferentes combinaciones extraídas de la palabra nada, nos remite a Adan (así sin acento, según el alfabeto arameo, la lengua que hablaba Jesús), el primer hombre sobre la tierra según las creencias bíblicas y que de su unión con Eva proviene toda la descendencia humana sobre nuestro planeta, que no es azul, sino de otro color (pero esto lo explicaré en otro Evangelio). La cita anterior no es la única combinación de letras que nos remite a otros Mundos Paralelos desconocidos, actuales o pasados. Hay más.
   Otra de las combinaciones (aadn) se lee cacofónicamente como ADN, siglas del ácido desoxirribonucléico, compuesto de la célula humana donde está escrita la herencia del hombre y de toda la humanidad. Y en otra, dnaa, se entiende y lee como DNA que viene a ser lo mismo que el ADN, pero con sus siglas ordenadas en el idioma inglés. Y la subsiguiente se lee dana (o Dánae[2]) que según la mitología así se llamaba la hija de Acrisio, rey de Argos. Un buen día Zeus, que todo lo podía, penetró en forma de lluvia de oro en la prisión donde la había encerrado su padre y la poseyó. De esa unión nació Perseo, héroe mitológico y legendario que mató a Medusa, una de las tres Gorgonas y salvó a Andrómeda, con la que se casó. Reinó en Tirinto. También fue Perseo el último rey de Macedonia al suceder a su padre Filipo V en el año 179 a.C. Luego fue derrotado en Pidna (168 a.C.) y llevado cautivo a Roma. Perseo también es una constelación de cielo norte, citado en algunos textos bíblicos y papiros hallados en las cuevas del Qumram, a orillas del Mar Muerto, en Jordania. Todas las demás combinaciones escritas en este Evangelio Sotroc también llevan implícitas otras informaciones contextuales que no es el caso desarticular ahora. ¿Y en Andrómeda? ¿En Andrómeda existe la nada?


   Sintetizaré. No se puede definir ni explicar en qué consiste nada, menos aún analizar su consistencia, estructura física, forma, catalizador, átomos que la componen, etcétera, etcétera, porque, como ya debe estar suficientemente demostrado, no existe. Nada sólo existe como palabra, la cual podría ser cualquier otra y escribirse de la forma que se les antoje a quienquiera para describir algo que no existe. ¿De dónde nació la palabra nada? Yo no lo sé. Posiblemente del capricho de los primeros, más antiguos y prehistóricos lingüistas de la humanidad. Quizás. Quizás viene del arameo, del chino o tailandés. Quizás. Yo no sé. Lo único que sé es que la nada o el nadie son sólo palabras imaginarias que no resisten ninguna demostración científica porque, sencillamente, no existen y ni yo ni nadie podrían definirla. No se puede demostrar la existencia de algo inexistente ni en la probeta de un laboratorio ni en la forma gramatical más compleja y enrevesada. Pero, y he aquí la paradoja, pese a todo el afán que puse en demostrar que la nada no existe, concluiré afirmando que la nada sí existe y es parte del todo. Del todo y la nada del universo, que, a fin de cuentas, es la energía, el motor que la da vida y movimiento al cosmos. El todo no podría existir sin la nada y viceversa. Se complementan. Nada existiría sin la nada, siquiera el todo. ¿Me contradigo?... ¡Claro qué me contradigo! Yo soy parte de la nada. ¡Y si yo existo también la nada existe, tal como el mismísimo universo existe! Lo que acaban de leer no es nada. Apenas un simple juego de palabras. Un ejercicio filosófico fallido. Es posible. Pero en el universo en el que habito la nada y el todo son tan visibles y palpables como el cielo y la tierra, como la voz y la palabra. Y, además, se complementan y no pueden existir el uno sin el otro. Es algo así como Dios: el todo y la nada. Es como la fe: creer sin ver. Aquí quería llegar. Sin fe no hay nada, siquiera la nada.




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[1] Nuevo Espasa Ilustrado, diccionario enciclopédico 2003. Pág.- 1194 /Ed. ESPASA CALPE, S.A.
[2] Nuevo Espasa Ilustrado, diccionario enciclopédico 2003. Pág.- 502 /Ed. ESPASA CALPE, S.A.


sábado, 18 de septiembre de 2010

SALTO HACIA ATRÁS©



   Realmente sí sabemos quiénes somos y de dónde venimos. Lo que pasa es
que lo hemos olvidado. Y no fue un olvido casual, sino programado. Fue borrado de nuestro ADN por nuestros ancestros, seres venidos del futuro, de más allá de donde las estrellas brillan con mayor luz, cuando regresaron con la intención de repoblar la Tierra hace aproximadamente unos cuatrocientos o quinientos millones de años. Quizás más, quizás un poco menos. El tiempo es relativo e irrelevante y, por ahora, tampoco importa mucho, menos el cuándo regresaron a repoblar la Tierra Ancestral, en aquel entonces un planeta árido y veladamente desconocido para muchos de ellos, pero sumamente importante para su supervivencia porque reunía todas las condiciones y, ellos lo sabían, para volver a comenzar de nuevo, porque su mundo, el planeta Tierra del Futuro donde vivían, estaba a punto de eclosionar, de abrirse como una cáscara de huevo que se estrellas contra el piso. Su ciclo en el universo había finalizado y la Tierra del Futuro, donde nuestros ancestros lograron su máxima evolución, pronto estallaría en miles de millones de pequeños y grandes pedazos que pasarían a formar parte de uno de los tantos cinturones de asteroides que vagarían a la deriva en un universo que pronto sería convertido en la nada. En el no espacio y en el no tiempo.
   Igual a lo que le sucedió a la Tierra del Futuro aconteció en miles de sistemas planetarios y galaxias del infinito y cambiante universo, el cual está en constante transformación y siempre marcha hacía la hecatombe final, hacia el gran holocausto sideral. Por ello nuestros ancestros decidieron emigrar y dar el salto hacia atrás y no hacia adelante como la gran mayoría de los pensadores y científicos creen que sucederá o podría suceder debido a nuestro afán de exploración interplanetaria, de conocimiento. De saber dónde estamos, de dónde venimos y qué somos.



   Dar el salto hacia delante hubiese supuesto la extinción de la humanidad y de la vida universal, porque era saltar hacia la autodestrucción, al fin de los tiempos, tal como aconteció en infinidades de galaxias en el espacio-tiempo. Era ir directo a la muerte, porque en aquel momento, hace miles de millones de años, en la Tierra del Futuro, cuando nuestros ancestros dieron el salto hacia atrás había comenzado el fin, el verdadero fin. El big ban al revés. El regreso a la nada cósmica. Al silencio total y al sin espacio y el sin tiempo.
   Antes de proseguir y explicar en qué consistió el salto hacia atrás es necesario dejar bien claro y asumir de una vez por todas (la ciencia pronto lo hará) que nosotros, los seres humanos actuales, los de hoy, los mismos de carne y hueso con los que interactuamos todos los días, sin importar raza o color, somos polvo de estrella. Venimos del espacio. Que hace millones de años llegamos al planeta Tierra y lo colonizamos “otra vez”. Nosotros somos los extraterrestres, los alienígenas, los grises y todas esa serie de criaturas de otros mundos que imaginamos ver y que creemos que de un momento a otro nos podrían invadir. Y con esto no quiero decir que esa “invasión” no sea posible. ¡Por supuesto que existe esa posibilidad ya que muchas, pero muchas vidas muy distintas a la nuestra, pueblan el universo! Aunque esa posibilidad esté siempre latente, por ahora no será. No será hoy. Tampoco en cientos de miles de años. Y no porqué esos seres extraterrestres a los que de ahora en adelante llamaré Hixyant, no quieran invadirnos o colonizarnos. ¡No! No es por eso. No lo harán durante los próximos cuatrocientos o quinientos millones de años porque no pueden. Y no pueden por la sencilla razón de que están, al igual que nosotros, los humanos, en proceso de “reconstrucción y desarrollo”, de sus propios planetas ancestrales, en un ciclo que posiblemente se repetirá en espiral por toda la eternidad.


   Me explico. Dando por sentado que nosotros los humanos somos extraterrestres que después de millones de años de evolución regresamos otra vez a la Tierra Ancestral, a la de nuestros orígenes, debido a un cataclismo cósmico y comenzamos una nueva etapa de desarrollo en todos los órdenes, los Hixyant están en lo mismo y, al igual que nosotros, carecen, en estos momentos, de la tecnología necesaria para iniciar viajes interestelares. Ellos, al igual que nosotros, debido al holocausto sideral dieron también el salto hacia y están, de la misma forma que nosotros, volviendo a colonizar su planeta de origen de vida.


   Quiero insistir, aunque con ello no pretendo convencer a nadie, que nosotros somos los alienígenas que tanto nos atemorizan y que en el futuro (ese futuro puede tardar miles de años) seremos física y anatómicamente idénticos a esos seres de otros planetas que hoy imaginamos ver y que, supuestamente, nos podrían invadir. Los Ovnis, esos aparatos que vemos en el espacio, son nuestras naves preparando el regreso a la Tierra Ancestral. Nosotros somos los grises que las tripulan y que decimos ver y que muchos aseguran haber sido raptados por ellos. Los que así creen, lo que no dudan de esa posibilidad, ya están recuperando parte de su memoria evolutiva borrada intencionalmente del ADN humano por nuestros ancestros del futuro. Dentro de algunos miles de años terrestres, lapso que medido en tiempo cósmico son apenas fracciones de segundos, retomaremos nuestra verdadera y última forma humana: cabeza grande y alargada hacia arriba en la parte occipital, ojos achinados y grandes. Cuerpo enclenque, nariz y boca casi inexistente y rostro carente de orejas. No tendremos casi músculos en el cuerpo porque se habrán atrofiado por falta de uso, por ser absolutamente innecesarios en nuestra nueva forma de vida. El cerebro nos crecerá de una forma jamás imaginada y toda una gama de nuevas y diversas funciones, las cuales nos harán semejar a seres divinos y celestiales, serán regidas por ese órgano. Nuestras neuronas se multiplicaran en ciento de miles de millones y nuestra sabiduría será ilimitada. En fin, seremos seres súper inteligentes con más cabeza que cuerpo, aunque el balance entre los dos será perfecto, armónico y sublime, aunque nuestros movimientos lentos. Nuestra mente será la ágil y la que regirá todas nuestras funciones corporales. Todas. Hasta de autoreparación, cuando por algún infame motivo, nos atrape un “desarreglo”, ya que en la Tierra de futuro no habrá enfermedades, mucho menos médicos. Cada uno de nosotros tendremos la capacidad innata de auto desarrollo mental e intelectual. No más maestros. No más estudios. No más escuelas y universidades. La Biblioteca del Universo estará en nuestro cerebro. Será parte de nuestro ADN. Nacemos con el conocimiento implícito y nos desarrollamos con el de igual forma como crecemos y nos desarrollamos biológicamente. Todo gracias a un circuito neuronal de incalculables capacidades. Aunque, como es obvio, habrá mentes más brillantes que otras.


   Poco a poco y a través de los milenios, iremos recuperando en forma muy sutil la memoria ancestral escrita en nuestro ADN. A medida que se vaya descodificando el Genoma Humano, iremos, igualmente, recobrando memoria y habilidades. Podría durar cientos, quizás miles de años, pero, inexorablemente, llegaremos a la evolución que tuvimos hacia miles de años atrás, cuando vivíamos en la Tierra del Futuro. Quizás, sólo quizás, nos superaremos a nosotros mismos.
   El salto hacia atrás fue del todo inevitable. Si queríamos subsistir como raza humana debíamos darlo. No había alternativa. Saltar hacia delante en el tiempo hubiese sido nuestra extinción y el fin de la vida humana debido a que hacía adelante sólo nos esperaba la nada y la destrucción. Por ello nuestros ancestros, utilizando su avanzada tecnología y ciencia, construyeron con muchísimo tiempo de antelación al cataclismo sideral, una sofisticada e infalible máquina del tiempo y dieron el salto hacia atrás utilizando como “vía de escape” las virtudes y seguridad que ofrecía para el viaje un agujero de gusano. Mucho antes de que el fin de la Tierra del Futuro aconteciese, nuestros ancestros probaron y comprobaron la seguridad del agujero de gusano haciendo innumerables viajes a su Tierra Ancestral, o sea nuestro planeta actual. Esos son los acercamientos y avistamientos de Ovnis, así como otros fenómenos y experiencias siderales inexplicables que los humanos actuales vemos y experimentamos hoy en día, pero que aún no comprendemos. Todo es un ciclo repetitivo. La vida humana en el tiempo-espacio es como un deambular dentro de una espiral sin fin que gira y retorna dentro de si sin tener conciencia de cuándo ni porqué. Igual lo hacen las galaxias que albergan a millones de sistemas planetarios.


   Aunque todavía existen muchas interrogantes, de una cosa podemos estar seguros, muy seguros: el agujero de gusano es confiable y para nuestra seguridad y perpetuidad de la especie, ha sido analizado y controlado minuciosamente por nuestros ancestros terrenales para cuando comience el fin de los tiempos en sus interminables ciclos.
   Es necesario redundar a fin de que se entienda. Un salto hacía adelante hubiese sido el fin de la civilización y la vida. Nuestros ancestros de la Tierra del Futuro lo sabían. Hacia atrás era el comenzar de nuevo, casi de cero, pero aseguraba la sobrevivencia humana. Fue lo acertado. Nuestros ancestros optaron por colonizar de nuevo la Tierra que habían dejado atrás hace millones de años. Era el nuevo y fatigoso renacer. El volver a aprender y reconstruir. Esos somos nosotros. Los seres venidos de las estrellas somos nosotros. Somos polvo de estrellas porque al pasar a través del tiempo por el agujero de gusano escapamos, al igual que el polvo de las estrellas, de la explosión que volvió añicos a todo el universo del futuro donde vivíamos. Antes, mucho antes, en la Era de la Nada Infinita, también éramos polvo de estrellas. (Ver Evangelio Sotroc UN METEORITO ORGINÓ LA VIDA EN LA TIERRA).


   Nuestro regreso a la Tierra Ancestral aconteció exactamente después de la desaparición de los dinosaurios. Nosotros (nuestros precursores) sabían que eso sucedería. Por eso esperaron y emprendieron el viaje de retorno a la Tierra después de que se “enfriase” todo y que las condiciones para la nueva vida estuviesen servidas. Sabían que el holocausto sideral también, aunque en menor escala, tocaría de cerca y causaría estragos al planeta Tierra. Vagaron un tiempo en el agujero de gusano y cuando lo creyeron oportuno aterrizaron en el planeta de sus orígenes. Había mucho que hacer y comenzar a reconstruir. Al principio guardaron muchas de sus tecnologías futurísticas y las naves con las que hicieron el viaje a través del agujero de gusano. Por supuesto, que a la Tierra Ancestral no viajaron todos. Sólo unos cientos de miles fueron escogidos para reiniciar la reconstrucción ya que era imposible salvar a todos los que poblaban la Tierra del Futuro. Sus líderes tuvieron que elegir y le dieron prioridad a las mentes más brillantes y a sus dirigentes. En fin, eran humanos y esa condición no cambiaría en sus percepciones aunque fuesen terrestres del futuro. Era de vital importancia preservarlos para poder comenzar con “algunas ventajas” la reconstrucción que los llevaría nuevamente a la Tierra del Futuro.


   Al principio, como dije antes de divagar en otros asuntos menores, tenían en sus manos el conocimiento, el poder y las herramientas para una evolución rápida del planeta, pero hubo conflictos, ambiciones y, signados por la confusión y el desespero, hubo algunas batallas entre ellos. Muchos perecieron al ser aniquiladas sus mentes, aunque no sus cuerpos, los cuales siguieron con vida. Las mentes que sobrevivieron tomaron una decisión, la misma que dentro de miles de millones de años repetirían en ciclo infinito: borrar la memoria evolutiva de sus ADN. Prefirieron que todo se fuese redescubriendo poco a poco a medida que sus mentes, que una vez fueron súper evolucionas volviesen a evolucionar. Esos es lo que somos ahora. Seres en evolución y perfeccionables. Sólo nos resta esperar y reaprender. La herencia nos fue legada y está escrita y descrita en forma inequívoca en nuestro ADN. Fue su llegado antes de partir a la eternidad y borrar todo vestigio de su presencia en la Tierra Ancestral. Aunque por más que se afanaron, algunas trazas de su presencia quedaron esparcidas por el planeta Tierra. (Ver Evangelio Sotroc 2012: EL REGRESO DE LOS MAYAS Y LA NUEVA ERA DE HIELO).


   Cientos de años antes de tomar esa decisión nuestros ancestros, a quienes los humanos actuales llaman los grises, ayudaron a las nuevas especies creadas por ellos mismos en sus “laboratorios” a construir grandes monumentos que perdurasen a través de los siglos y la historia, tales como las Pirámides de Egipto y los monumentos mayas y aztecas, sólo para citar algunos. El color de la piel de los seres humanos actuales también se debió a un ensayo de laboratorio de nuestros ancestros. No siempre será así. Dentro de millones de años todos seremos grises azulados. Lo azulado se deberá a nuestro complicado sistema nervioso y circulatorio, el cual se transparentará sutilmente dando esa imagen azulada grisácea.
   Repetimos, el salto hacia atrás era inevitable. Nuestros ancestros los grises tuvieron obligatoriamente que regresar al pasado porque el futuro no existía, dejó de existir, debido al Apocalipsis Estelar.
   Quizás dentro de apenas unos cuarenta años o menos, cuando los científicos actuales hayan logrado descifrar más del cincuenta por ciento de los códigos de nuestro ADN, comenzará la humanidad a comprender. Todo, toda la historia de la humanidad está escrita en nuestro ADN. Incluso de dónde venimos, qué somos, porqué regresamos y porqué tendremos que repetir nuevamente el mismo ciclo dentro de miles de millones de años. Quizás antes, mucho antes. Sólo falta recuperar nuestra memoria evolutiva y con ella la esperanza de un mundo mejor y menos apocalíptico.


©Diego Fortunato




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jueves, 16 de septiembre de 2010

UN METEORITO ORIGINÓ LA VIDA EN LA TIERRA©



   Un simple meteorito no más grande que una manzana originó la vida en la Tierra hace miles de millones de años. No hubiese sido jamás posible, pero gracias a un magnífico capricho de la naturaleza pudo acontecer el milagro. El meteorito, del cual toda la especie humana, animal y vegetal es originaria, formaba parte de un gran asteroide que vagaba en el espacio y que al ser atraído por el campo magnético de la Tierra estuvo durante milenios gravitando primero en la orbita de la Luna y luego alrededor de nuestro propio planeta como si fuese una segunda pequeña Luna con una masa no más grande que 330 kilómetros cuadrados. Poco a poco y debido a la fuerza del campo magnético de la Tierra esa segunda Luna, a la que llamaré Soid, debido a su forma de orbitar oblonga se fue ovalando hasta llegar a un punto que perdió toda su forma convirtiéndose en materia amorfa. Así duró muchos miles de años más en la estratosfera circunnavegando la Tierra hasta que un buen día fue atraída definitivamente por la fuerza de gravedad de nuestro planeta. Cómo un bólido de fuego, a una velocidad de más de treinta y tres mil kilómetros por hora, perforó nuestra atmósfera y comenzó su vertiginoso recorrido “a la vida” absorbiendo a su paso, y en su caída, nitrógeno, helio, gases nobles, hídrido carbónico, ozono y oxígeno.


   Su gran y amorfa masa fue desintegrándose a medida que se alejaba de la magnetosfera y se acercaba a la Tierra. El mayor pedazo de Soid (el asteroide) se convirtió enseguida en miles de millones de meteoritos de diferentes formas, peso y tamaño. El pedazo más grande cayó en lo que es hoy el Mar de Japón, despedazando en cientos de pedazos (de allí sus más de seis mil ochocientas islas) lo que hoy conocemos como Japón, que en aquel entonces no era un archipiélago sino parte de la actual Corea (las dos) Mongolia y Rusia, en el continente asiático. Uno de los meteoritos, el cual era un fragmento del centro o corazón de Soid, por prodigiosa casualidad cayó en un pantano muy diluido y se enterró hasta su fondo, a casi cien metros de profundidad, frente al Golfo de Aqaba, en el Mar Rojo, muy cerca de lo que hoy constituyen las penínsulas de Sinaí y Arabia Saudí. El pedazo de meteorito, no más grande que una manzana y parte del Corazón de Soid, estaba cargado de microbacterias, las cuales sobrevivieron a la fricción y calor extremo del ingreso a nuestra atmósfera. Durante los cientos de miles de millones de años que Soid vagó por el universo después del big bang y durante el tiempo que gravitó primero nuestra Luna y después la Tierra, la gran mayoría de la vida microscópica que albergaba en su masa, en su mayoría microbacterias y detritos de polvo de estrellas que tenían vida, fueron muriendo y desapareciendo. Otras acostumbrándose a subsistir en esas condiciones tan adversas gracias a sus moléculas ionizadas. Y muchísimas otras migaron y buscaron refugio en el Corazón de Soid, donde hacían vida y se reproducían. Muchas de esas microbacterias y polvo de estrellas con vida microbiana ricas en hidrógeno, fueron evolucionando en el pantano del mar Rojo, donde cayó, y poco a poco fueron adaptándose a las condiciones terrestres y al oxígeno, el cual absorbían del agua. Sus condiciones vitales y reproductivas fue mejorando a través de los años y al fin, cuando estaban listas, emergieron creando vida, primero unicelular y después pluricelular.


   El polvo de estrellas de donde descendemos los humanos y toda vida sobre la Tierra fue evolucionado hasta llegar al bacter sapiens, o sea bacteria con sabiduría o entendimiento. De allí, en el transcurso de 333 millones de años o más, pasó a ser homo bacter. O sea que la bacteria con sabiduría evolucionó a hombre-bacteria, u homo bacter y de allí a homo sapiens. El resto es por todos conocido y bastante parecido a la Teoría de la Evolución de Charles Darwin, pero con ligeros y substanciales cambios que no es el momento ni el espacio de explicar ahora.


  Esto ocurrió cuando Pangea, el supercontinente formado por la unión de todos los continentes actuales, fuesen separados por el movimiento de las placas tectónicas y tomaran su aspecto actual, el cual no será el definitivo, porque dentro de miles de millones de años volverán a unirse formando los que denominaré Alfacenit, el centro de todos los mares y océanos.



   La evolución y transición de la bacteria hasta llegar al hombre, el humano, no fue nada simple. La primera bacteria comenzó a tener pensamientos, razón, alma y capacidad de reproducirse en forma cosmogónica y cromosómicamente ordenada hasta transformarse en el homo bacter, el primer eslabón genéticamente apto para dar el salto hacia el hombre primitivo.
  Todo, toda la historia del origen de nuestra vida en la Tierra, está escrita en nuestro ADN. Sólo falta decodificarlo. Cuando lo hagan, de seguro encontrarán vestigios de polvo de estrellas en nuestro genoma y, si buscan un poco más al fondo, trazas del Corazón de Soid.

© Diego Fortunato

diegofortunato2002@gmail.com




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