miércoles, 23 de noviembre de 2016

EL DIABLO SE VISTE CON EL COLOR DEL DINERO©

                         

   Durante milenios han tratado de descifrar esta paradoja. Nadie ha podido o, mejor dicho, nadie ha querido o se ha detenido a descifrarla. No han querido porque sería o es casi imposible librarse de esa seducción. De la seducción que lleva implícita el dinero. Sería como un autosuicidio, tal como dijo una vez un astuto político a fin de magnificar irreverentemente el significado de la  palabra.


                        

   El dinero no representa un simple papel moneda. Conlleva la carga de todas las aberraciones y maldad humana, arrastrando tras de si un infinito tren perverso y diabólico lleno de codicia, envidia, voracidad, ambición, rencor, odio, maldad, frustraciones, deseos, crímenes, violaciones, culpas, delitos, asesinatos, guerras y todas las demás viles pasiones imaginadas e inimaginables. Por ése y otros motivos el dinero es nido y morada de Satán y sus huestes infernales.


   Que otros pensadores no lo hayan querido decir o escribir antes que yo con diáfana claridad, no es nada nuevo. No obstante, siempre se ha dicho. Se ha dicho desde el inicio del hombre. La revelación existe hasta en los pasajes bíblicos. Se ha dicho, y mucho, entre labios. Entre la gente. Ricos o no. Se ha susurrado en sueños. Todos lo saben. Saben que es satánico porque la idea del amor al dinero vive, al igual que el Diablo, en el inconsciente colectivo. Está en el ADN humano desde el principio de los tiempos, pero todos han evadido el tema para no desprenderse de su diabólica influencia. Han obviado, ex profeso, un análisis profundo y real sobre su mortal peligro. Les conviene a sus maléficos intereses ocultar que el dinero es peligroso, mortal. Tanto para el que lo posea, como para el no lo tenga y desea. Es el camuflaje de Lucifer y está metido hasta en las Iglesias, en la Santa Sede y donde menos uno se lo espere.
   Hoy en día que la humanidad, no el mundo, que quede bien claro, está más putrefacta que nunca, el Diablo está feliz. Ha triunfado sobre la debilidad humana. Sobre su voracidad y deseos de poder y fortuna. Hoy en día el Diablo se viste de gala con el color del dinero. De todos los dineros del mundo. Ése es el arco iris del demonio. Es el arco iris de la maldad incondicional.
   Muchos pensadores admiten que en el dinero está representado Satán, pero callan porque no saben cómo abatir el daño que hace sin llevarse por delante al progreso de nuestra civilización y a todos los “obreros del dinero”, o sea a los que su motivo de vida es amasarlo y disfrutar de su maldad. Las naciones, las grandes naciones, los imperios saben que el Diablo está infiltrado en su dinero, en su papel moneda, que ese es el camuflaje perfecto de Satán para derrotar al espíritu humano. Por ello han tratado, muchos en vano y otros con muy exiguos resultados, introducir en el diseño de su papel moneda símbolos divinos, espirituales y celestiales. Han utilizado los conocimientos y auspicios de sectas a fin de combatir el demonio que ha penetrado tanto en sus billetes como en las monedas. Han buscado asesoramiento de religiosos, espiritistas, astrólogos, quirománticos y hasta del más allá. Desde el inicio de su hermandad espiritual, los Masones se han especializado en el diseño de los símbolos que deben llevar siempre impreso el papel moneda. Unas naciones los han adoptado. Otra no. Recuerden el triángulo, que representa al Espíritu Santo y al ojo, que es la mirada de Dios, quien todo lo ve y controla.



   También hay gobernantes muy perversos que son discípulos de Satán. Estos hacen todo lo contrario de los gobernantes de naciones devotas y religiosas. Ordenan imprimir en sus billetes y monedas símbolos, emblemas y figuras demoníacas y oscurantistas a fin de complacer al demonio. Y el demonio entonces los complace a ellos preservándolos en el poder por muchos, pero muchos años, bajo su guía y mandato. Por eso es que otros estudiosos del tema no han querido decir nada. No sólo temen por sus vidas o de perder sus pertenencias y dinero. Temen, más que nada, a la venganza de Satán. A una muerte despiadada y cruel, que de ninguna forma sería de forma casual o accidental, sino demoníaca y por sus propias manos, las manos del analista estudioso que, a la postre, serían las manos invisibles de Lucifer. De esa forma, obligando al suicidio al pensador, Satán logra su venganza al tener por siempre su alma en el infierno.
   Yo me he atrevido a contar algo de esta historia por designio y protección divina. Me fue asignado decirlo y así lo estoy cumpliendo. No tengo miedo por que mi alma fue despojada de temor humano o infernal. Mi misión no es sólo revelar lo ya sabido a través de los siglos, sino advertir que el fin de la humanidad podría estar cerca, muy cerca en tiempo y espacio con relación al tiempo cósmico, si no se cambia la actitud hacia el dinero. No hace falta quemarlo o destruirlo para eliminar el hechizo demoníaco, sino sólo voluntad, ideas y actitud. No hay ver al simple papel moneda como un elemento de poder y codicia, sino como un instrumento, muy útil por cierto, para cambios y transacciones. No hay que almacenarlo, adorarlo ni venerarlo. Quien lo hace, de esa forma está vendiendo y entregando su alma al Diablo en bandeja de fuego y muerte. El dinero nunca ha brindado la felicidad, aunque si un relativo bienestar y efímero poder, que en sus cinco letras encierra todo el crimen conocido y desconocido por la humanidad y su perversa mente.
   El que tenga dinero no deberá botarlo ni quemarlo sino transformarlo en bienes que contrarresten el mal diabólico. Un primer paso para lograr esa transformación es la elevación del espíritu humano al adquirir con el diabólico papel, alimentos para los miles de millones de seres humanos que padecen y mueren de hambre en el mundo. Satanás se ríe al ver y sopesar la codicia y ceguera del género humano, que de humanos tienen apenas el nombre, porque ante su indiferencia cruel no ven, ni les interesa saber, que cada segundo que pasa mueren de hambre miles de seres inocentes, en su gran mayoría niños que no han llegado siquiera a los dos años de edad. En un día miles. Es indolencia perversa y maligna.

 
              
                                
   El segundo paso que se debería dar para transformar ese dinero en misericordia, sería, en principio, construirle hogares a los desposeídos, estén donde estén. Hasta el último confín del mundo donde hubiese un alma en miseria. A partir de allí, reunirlos en comunidades, pueblos o ciudades y educarlos hacia el amor y el trabajo. Enseñarles a valerse con dignidad por sí mismos. Así, los siguientes pasos hacia la verdadera civilización del ser humano serían menos escabrosos y arduos.

               
   Hay que insistir, y esto es clave, en la educación. Es el quid de todo.
   El sendero hacia la compasión llevará a la humanidad a utilizar ese papel perverso en educar al que vive en la oscuridad del conocimiento. También se debe transmutar ese documento maligno de su estado demoníaco a un estado bendito con la construcción de hospitales, formando médicos y donando grandes sumas a instituciones de investigación científica que buscan mejorar la calidad de vida humana. En fin, hay muchas formas de convertir el mal en bien. Incluso nuestro planeta Tierra dejaría de recalentarse con tantos demonios que nos han invadido. Esa es la verdadera invasión a la que tenemos que temer. No a los seres de otros Mundos Paralelos, los cuales están purificados. Sólo algunos de ellos están tan diabólicamente contaminados como la Tierra.


   Hay que estimular la conciencia de todos los gobernantes y países del orbe para que se unan en esta titánica lucha contra el maligno. Una de las claves para derrotar a Satán es creando un único y verdadero papel moneda en el cual, por partes iguales en tamaño y formas, estén representadas todas las religiones del mundo. Sólo las religiones que prediquen el bien y el amor al prójimo como elemento fundamental de su doctrina podrán tener sus símbolos en el nuevo dinero. Debe ser un papel moneda sagrado y bendecido antes de que entre en circulación y ser destruido, cuando llegue su tiempo, en hornos especiales herméticamente sellados por donde no haya fugas de elementos nocivos e infernales. Esa incineración deberá hacerse en sitios muy abiertos, donde previamente fueron construidos los hornos, a las tres de la madrugada, hora de Satán y hora en la que salen a deambular los demonios, durante el mes treinta y tres después de su confección y entrada en circulación del dinero bendito. O sea cada dos años y nueve meses. ¿Muy costoso?... ¡Por Dios, si con eso te libras del demonio, qué importa! Los billetes quemados deberán ser repuestos inmediatamente por otros nuevos, previamente bendecidos y no contaminados por las bacterias satánicas.
   Por ahora recomiendo a todas las personas del mundo y de las diferentes civilizaciones, las de ahora y las que vendrán después de esta, que no porten dinero en sus bolsillos mientras no se solucione el problema o se tomen las medidas drásticas que señalo. Y si deben llevarlo en sus bolsillos, carteras o guardarlos en casas, que sean en muy, pero muy pequeñas cantidades, porque ese dinero es el alimento de Satán. Y al alimentar al demonio también estás alimentando y corrompiendo tú alma y espíritu hacia lo maligno y perverso. No le des ese gusto. Al hacer lo aquí indicado pronto verás un cambio muy positivo y radical en tú espíritu y alma y, a la postre, en toda tu vida, la cual será bendecida. El gozo interior que tendrás será indescriptible, pleno de felicidad y pureza inmaculada. Estarás protegido por siempre y ningún mal habrá en ti mientras vivas. Al ser purificado podrás ayudar a otros a lograr la purificación. Es un inicio, lento, pero un inicio al fin. Hasta la creación del universo comenzó por un pequeño inicio, ahora es más que infinito.


   Hay que tomar conciencia. El demonio existe y está entre nosotros camuflado en el papel moneda. Aunque tiene otros disfraces, ese es su preferido. El que le ha hecho merecedor de más crímenes, asesinatos, muertes inútiles, suicidios y guerras de exterminio en nuestro planeta. Debemos transformar el papel moneda en misericordia, compasión, clemencia, piedad o si no el nos transformará a todos nosotros, los humanos, en escoria diabólica y pestilente. En ese momento, el cual podría estar muy, pero muy cerca, el mundo sería Imperio de Satán y cuartel general del maligno. En ese entonces no habrán santos, vírgenes y ángeles que los salven porque habrán emigrado a otros Mundos Paralelos porque este, la Tierra, será el Infierno.

©Diego Fortunato



lunes, 7 de noviembre de 2016

LOS NIÑOS LUZ©




   Posiblemente unos pocos ya estén entre nosotros y no nos hemos dado cuenta. No obstante sus nacimientos pronto se multiplicaran por todo el orbe. Serán tantos, que no será difícil reconocerlos. Son los Niños Luz, seres casi divinos que aparecerán sobre la tierra con una única y sublime misión: conducir a la humanidad hacia la Tierra Nueva. A una concepción más espiritual y menos materialistas del mundo. Buscarán convertir al hombre en un ser más humano y menos en insensato depredador.
   Los Niños Índigo y Cristal fueron los pioneros. Los encargados de abrirles el camino a los Niños Luz para que el shock humano ante su presencia sea menos perturbador y más aceptable.
   Los Niños Luz, que por muchos serán llamados Elegidos de Dios, son seres de sensibilidad casi divina, muy parecidos a los que nosotros imaginamos como son los ángeles. Poco a poco, muy despacio y con acciones ejemplarizantes, irán reeducando, en todo el estricto sentido de la palabra, a la humanidad hacia la vida espiritual. Le irán despertando la parte del cerebro donde mora su espiritualidad, la cual está adormecida hace milenios.

   Como anunciamos en otro Evangelio Sotroc (ver EL ALMA DE LOS MUERTOS VAGA POR EL ESPACIO), los Niños Luz son seres de una inteligencia espiritual súper avanzada, ética y moralmente alejados de los principios materialistas que desde hace muchos siglos están acabando con el verdadero sentido de vida del ser humano.
   Los Niños Luz nacerán por todo el planeta. En cualquier país o rincón del mundo y serán concebidos por el vientre de cualquier madre común y corriente. En apariencia, serán iguales a los demás niños, pero con mentes muy evolucionadas. En sus nacimientos no habrá ninguna discriminación y toda mujer podrá gestarlo sin importar su pasado o presente.
   Su denominador común es transformar al hombre para conducirlo a la añorada Tierra Nueva, donde imperará la igualdad, libertad y justicia más absoluta.
   Desde tiempos inmemoriales San Juan lo reveló en forma clara en el capítulo 12:36 de su evangelio. Creed en la luz para que seáis hijos de la luz. Estas cosas habló Jesús, escribió haciendo referencia no sólo a poder divino de Dios sino también como un anuncio de la vendida de los Niños Luz sobre la tierra. En la Biblia hay muchísimas alusiones y referencias al respecto.

   En la novela La Estrella Perdida igualmente se deja evidencia de que esto sucedería: “…no terminó de decirme el asunto de Los Elegidos. Usted habló en la reunión de un supuesto Evangelio inédito de San Juan y del actual capítulo 12:36, donde se habla de los hijos de la luz y del papiro trascrito por el profesor Gagliardi que dice como testigo fiel el cielo, nacerán con aura de cristal los nuevos ungidos. El día que el sol ilumine delante de mí serán esparcidos por toda la Tierra”.
   Sea como sea, una cosa es inobjetablemente cierta. Los Niños Luz nacerán sobre la tierra, tal como ya hace bastantes años nacieron los Niños Índigo y los Niños Cristal. En aquel entonces, alrededor de ellos se tejieron un sin número de especulaciones y muchísimas “maldiciones”. Entre otras cosas se les calificó de desadaptados, de niños excepcionales con problemas de conducta. Nada más lejos de la verdad. Hizo falta un buen tiempo para que psicólogos y estudioso comprendiesen su verdadera naturaleza.
   Al principio sucederá lo mismo con los Niños Luz y con quienes sostengan sus dones divinos.

   La realidad es que ya están aquí. Se han comenzado a mostrar muy despacio a fin de evitar alboroto innecesario a su alrededor. Ese no es su propósito, sino llevar a la humanidad hacia un nuevo amanecer. Un mundo nuevo, totalmente espiritual alejado de la codicia, ambición y las guerras producto del voraz materialismo. Una Tierra Nueva donde imperará la justicia y cuya única meta de existencia será el amor al prójimo.
   La Tierra Nueva se convertirá en un bloque homogéneo constituido por todas las naciones de nuestro planeta. Será un único país. Las fronteras dejarán de ser las líneas imaginarias que dividen estados y se convertirán en una triste remembranza de la codicia y afán de conquista y sumisión del hombre.
   En fin, veremos el nacimiento de un mundo sin odios y rencores. Sin maldad ni egoísmos y apartada de toda violencia. Una Tierra Nueva lleno de paz y amor, donde la verdad y la fe serán los principios más absolutos del ser humano. Donde no existirá las desigualdades sociales y la pobreza apenas el triste recuerdo de una civilización déspota, sanguinaria y cruel.
   El día está cercano. Sólo hay que esperar. ¿Será un hijo tuyo un Niño Luz?... Estará naciendo alguno ahora…


© Diego Fortunato






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